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Barcelona prohibirá 10.000 alquileres en Airbnb en 2028

Barcelona acaba de lanzar una bomba informativa, y podría cambiar la forma en que la ciudad vive, alquila y viaja. El alcalde Jaume Collboni ha anunciado que, para el año 2028, la ciudad prohibirá todos los alquileres turísticos de corta duración, poniendo fin a la era de Airbnb que ayudó a convertir a Barcelona en uno de los destinos más populares del mundo.

Es una de las medidas de vivienda más audaces jamás tomadas en Europa y, mientras algunos residentes celebran la decisión, otros advierten que podría dañar gravemente la economía de la ciudad.

Un movimiento radical para “devolver las viviendas” a los residentes

El plan es sencillo, al menos sobre el papel. Barcelona eliminará progresivamente más de 10.000 licencias de apartamentos turísticos durante los próximos tres años. Una vez llegue 2028, esos pisos ya no podrán alquilarse a turistas, sin excepciones.

En otras palabras, los famosos alquileres vacacionales de corta estancia de la ciudad —desde pisos de Airbnb hasta alojamientos boutique en el Barrio Gótico y el Eixample— desaparecerán por completo.

“Queremos devolver la vivienda a los residentes”, dijo Collboni al anunciar la decisión. “Barcelona no puede seguir perdiendo hogares por culpa del turismo mientras los jóvenes y las familias son expulsados”.

La ciudad ya ha notificado a Airbnb y otras plataformas de alquiler sobre la decisión, advirtiendo que las licencias no se renovarán una vez que expiren. Quien sea sorprendido alquilando sin autorización después de 2028 podría enfrentarse a multas o incluso perder el derecho de alquiler de la propiedad.

Miles de millones en juego y un intenso debate

Pero no todos ven esto como una buena noticia. Según un informe de PwC, los alquileres turísticos generan actualmente 1.900 millones de euros para la economía de Barcelona —aproximadamente el 1,9% de su PIB total— y sustentan más de 40.000 empleos en hostelería, comercio y entretenimiento.

Los críticos dicen que la prohibición podría destruir esa fuente vital de ingresos económicos. Restaurantes, pequeñas tiendas y locales de ocio nocturno que dependen de los visitantes podrían verse afectados.

“El impacto se sentirá mucho más allá de los propietarios”, advirtió una asociación empresarial. “Se trata de los camareros, limpiadores, taxistas y comerciantes que viven del turismo”.

Las cifras respaldan esa advertencia: PwC estima que los alquileres turísticos aportan 331 millones de euros a los restaurantes, 181 millones al comercio minorista y 134 millones a los sectores de ocio y cultura de la ciudad. Esos números representan una gran parte de la economía impulsada por el turismo en Barcelona y, para muchos, son demasiado importantes como para ignorarlos.

Aun así, el gobierno de Collboni insiste en que la medida es necesaria para arreglar lo que considera un mercado de vivienda roto, donde los alquileres han subido más de un 70% en la última década. El alcalde argumenta que la crisis de vivienda ha llegado a un punto en el que la acción audaz es inevitable.

¿Es realmente el turismo responsable del aumento de los alquileres?

Aquí es donde la situación se complica. El mismo informe de PwC, curiosamente, cuestiona si los pisos turísticos son realmente responsables del aumento de los precios de alquiler.

Entre 2014 y 2023, el precio medio del alquiler en Barcelona aumentó un 72%, mientras que el número de apartamentos turísticos creció solo un 2,2%, en gran parte porque la ciudad ya había congelado nuevas licencias y cerrado miles de anuncios ilegales.

Barrios como el Eixample y Sant Martí, donde los alquileres han subido más, en realidad vieron una reducción o estabilización en el número de viviendas turísticas. El verdadero problema, dicen los expertos, puede estar en otra parte: en una oferta de vivienda estancada, una demanda creciente y una falta de proyectos de vivienda asequible.

“Los datos muestran que limitar los pisos turísticos por sí solo no solucionará la crisis de vivienda”, señaló un analista de PwC. “Barcelona necesita más viviendas, no solo menos visitantes”.

Un momento decisivo para el futuro de Barcelona

Aun así, para muchos vecinos, el anuncio se siente como una victoria largamente esperada. Grupos vecinales han pedido durante años límites más estrictos al turismo, afirmando que la ciudad se ha vuelto masificada e inasequible.

Para otros, es un experimento arriesgado, uno que podría redefinir la identidad de Barcelona como un destino vibrante e internacional.

Para 2028, la ciudad que una vez abrazó a Airbnb como parte de su imagen moderna y cosmopolita podría convertirse en la primera gran capital europea en prohibir por completo los alquileres de corta duración.

Si reducirá los precios de alquiler o simplemente desplazará a los visitantes —y su dinero— hacia localidades cercanas, está por verse.

Una cosa es segura: Barcelona ha declarado la guerra a Airbnb, y el mundo seguirá de cerca lo que suceda a continuación.