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Mientras Pakistán lucha contra los talibanes afganos, aumentan los temores de una guerra mayor

Este fin de semana, del 11 al 12 de octubre de 2025, estallaron combates feroces entre el ejército paquistaní y las fuerzas talibanes afganas a lo largo de la frontera disputada conocida como la Línea Durand, convirtiéndose en el enfrentamiento más letal entre estos vecinos desde que los talibanes retomaron el control de Kabul en agosto de 2021. Las hostilidades comenzaron con ataques nocturnos talibanes contra puestos militares paquistaníes, seguidos de una respuesta armada que incluyó artillería, tanques y drones, lo que dejó decenas de muertos en ambos bandos y generó temores de una escalada mayor en la región. Tanto funcionarios paquistaníes como el régimen talibán en Afganistán han reivindicado victorias significativas, afirmando haber infligido pérdidas masivas al enemigo, aunque estas declaraciones no han sido verificadas por observadores independientes debido a las restricciones de acceso a la zona fronteriza.​

Los talibanes, a través de su portavoz Zabihullah Mujahid, declararon el 12 de octubre que sus fuerzas habían matado a 58 soldados paquistaníes en operaciones de represalia nocturna, y que capturaron más de 25 puestos militares paquistaníes a lo largo de la frontera de 2.640 kilómetros. Por el contrario, el ejército paquistaní reportó solo 23 bajas en sus filas, y contraatacó afirmando haber eliminado a más de 200 combatientes talibanes y aliados, además de capturar hasta 19 o 21 puestos afganos en áreas como Kurram y Bajaur. Los talibanes admitieron nueve muertes en sus filas, pero minimizaron las pérdidas, mientras que Pakistán insistió en que destruyó varios puestos enemigos y obligó a algunos a rendirse. Estos choques ocurrieron en múltiples puntos fronterizos, incluyendo Helmand, Khost y Nangarhar, y se extendieron hasta el domingo con tiroteos esporádicos, antes de pausar temporalmente según el ministro de Exteriores afgano Amir Khan Muttaqi durante una conferencia en Nueva Delhi. La situación sigue tensa, con tropas paquistaníes en alerta máxima y el jefe del Estado Mayor, Asim Munir, visitando las posiciones frontales para inspeccionarlas.​

Antecedentes históricos de la Línea Durand y las tensiones bilaterales

La frontera entre Pakistán y Afganistán, conocida como la Línea Durand, se trazó en 1893 durante el Imperio Británico y nunca ha sido reconocida plenamente por Kabul, que la considera una división artificial de los territorios pastunes. Esta disputa territorial ha sido una fuente constante de fricción, exacerbada por el resurgimiento de grupos militantes como Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP) desde la retirada de Estados Unidos de Afganistán en 2021. Pakistán, que inicialmente apoyó a los talibanes afganos en los años 90, ahora acusa a Kabul de permitir que el TTP use su territorio como santuario seguro para lanzar ataques transfronterizos, lo que ha deteriorado las relaciones diplomáticas en los últimos años. En respuesta, Afganistán ha protestado repetidamente contra las violaciones de su soberanía por parte de Pakistán, incluyendo operaciones transfronterizas y bombardeos en provincias como Paktika, Khost y Kunar en 2024 y 2025.​

El TTP, fundado en 2007 como una coalición de grupos yihadistas pastunes en el noroeste de Pakistán, se modeló en los talibanes afganos pero adoptó una ideología más radical influida por Al Qaeda, buscando derrocar al gobierno paquistaní e imponer un califato islámico estricto. Aunque el TTP fue debilitado por operaciones militares paquistaníes entre 2014 y 2020, su resurgimiento post-2021 se debe en gran medida a refugios en Afganistán, donde recibe apoyo logístico y operativo de las autoridades talibanes, según un informe de la ONU de 2025. El líder actual del TTP, Noor Wali Mehsud, ha evadido múltiples intentos de eliminación, incluyendo un posible ataque aéreo paquistaní contra él el 9 de octubre en Kabul cerca de la Plaza Abdul Haq, donde sobrevivió y prometió represalias en un video no verificado. Estos eventos ilustran cómo el TTP ha intensificado sus operaciones, con ataques mensuales que han convertido el noroeste de Pakistán en un campo de batalla letal.​​

Cronología reciente de los eventos que llevaron a los combates

La escalada actual se remonta al 8 de octubre, cuando el TTP emboscó un convoy militar paquistaní en el distrito de Kurram, cerca de la frontera, matando a 11 soldados, incluyendo dos oficiales, mediante bombas roadside y fuego pesado, en un asalto que expuso vulnerabilidades en la seguridad fronteriza. Dos días después, el 9 de octubre alrededor de las 9:50 p.m., Pakistán lanzó ataques aéreos en Kabul, Khost, Jalalabad y Paktika, dirigidos contra hideouts del TTP y posiblemente contra Mehsud, lo que provocó explosiones y tiroteos en la capital afgana, con residentes reportando aviones sobrevolando la zona. Afganistán confirmó bombardeos solo en Kabul y Paktika, negando daños mayores pero acusando a Pakistán de violar su espacio aéreo.​​

En represalia, el 10 de octubre el TTP atacó una escuela de entrenamiento policial paquistaní, matando a 20 funcionarios de seguridad y 3 civiles, lo que Islamabad atribuyó directamente a santuarios afganos. El 11 de octubre, las fuerzas afganas reforzaron la frontera y lanzaron ataques contra puestos paquistaníes en Helmand y otros puntos, capturando dos posiciones y matando a 12 soldados paquistaníes, mientras Pakistán respondía con artillería y tanques en cuatro ubicaciones. Los combates se intensificaron la noche del 11 al 12 de octubre, con los talibanes describiendo sus acciones como “venganza por los bombardeos en Kabul y un mercado en el este de Afganistán”, según reportes previos de la semana. Pakistán, por su parte, justificó sus strikes como defensa contra el “militantismo transfronterizo en aumento”, y el primer ministro Shehbaz Sharif prometió una “represalia fuerte”, comparándola con el conflicto con India en mayo de 2025. Para el 13 de octubre, el fuego cesó, pero los cruces fronterizos de Torkham y Chaman permanecieron cerrados por segundo día, atrayendo atención internacional.​

Por qué pelean Pakistán y los talibanes afganos? El rol del TTP y acusaciones externas

Las tensiones entre Pakistán y los talibanes afganos, antiguos aliados, se han agudizado desde que Islamabad demandó a Kabul acciones concretas contra el TTP, que opera con impunidad desde suelo afgano en provincias como Kunar y Nangarhar. El TTP, que busca una interpretación dura del islam en Khyber Pakhtunkhwa y otras áreas pastunes, ha escalado sus ataques en los últimos años: solo de enero a septiembre de 2025, más de 500 personas murieron, incluyendo 311 tropas y 73 policías, según un portavoz militar paquistaní citado por AFP. Un atentado suicida en 2024, por ejemplo, dejó al menos 13 soldados muertos, y en octubre de 2024 un líder TTP senior fue eliminado, provocando represalias que mataron a 10 paquistaníes.​

La ONU ha documentado en 2025 que el TTP recibe “apoyo sustancial logístico y operativo” de las autoridades talibanes, lo que Kabul niega rotundamente, insistiendo en que no alberga militantes paquistaníes. Además, Pakistán acusa a India de financiar al TTP y otros insurgentes para desestabilizarlo, una alegación que Nueva Delhi rechaza, contraacusando a Islamabad de respaldar separatistas en Cachemira administrada por India, lo que añade una capa geopolítica al conflicto. Analistas como Michael Kugelman, de Washington, atribuyen los choques al “fracaso de Pakistán en curvar el terrorismo anti-Pakistán basado en Afganistán”, a pesar de estrategias como diálogos y operaciones limitadas internas. Estas operaciones antiterroristas paquistaníes en Afganistán han provocado respuestas talibanes, escalando la situación de frágil a explosiva.​

Situación frágil en la frontera: Impacto económico y cierre de pasos

Aunque los combates parecen haber pausado por ahora, la frontera permanece en alerta, con Pakistán sellando todos los cruces, incluyendo Torkham y Chaman en Baluchistán, por segundo día consecutivo al 13 de octubre, suspendiendo el comercio bilateral que mueve miles de millones anualmente. Cientos de camiones cargados con bienes como textiles, frutas y minerales quedaron varados en ambos lados, afectando a comerciantes y economías locales ya debilitadas por la inestabilidad post-2021. Un representante industrial paquistaní describió la escena a Reuters como caótica, con vehículos abandonados y pérdidas diarias estimadas en millones de dólares. Esta medida, justificada por Islamabad como protección contra infiltraciones, ha exacerbado la vulnerabilidad económica de Afganistán, dependiente de rutas paquistaníes para exportaciones, y podría prolongarse si las tensiones no se resuelven.​

La semana pasada, los talibanes acusaron a Pakistán de bombardear Kabul y un mercado en el este, incidentes que Islamabad no confirmó pero que encajan en su doctrina de autodefensa contra el “aumento de militantismo transfronterizo”. Kugelman advirtió a DW que, sin curvar el apoyo talibán al TTP, estos choques podrían repetirse, convirtiendo la frontera en un polvorín permanente.​

Aumentarán los ataques del TTP? Amenazas futuras y análisis de expertos

Expertos temen que esta crisis impulse más represalias del TTP, que mantiene una fuerte presencia en Pakistán pese a sus bases afganas, posiblemente alentadas por los talibanes. Omar Samad, exembajador afgano en Canadá y fellow en el Atlantic Council, alertó a DW que la hostilidad “puede escalar a violencia generalizada y acciones militares más allá de lo actual”, causando daños irreparables a las relaciones bilaterales. Samad atribuye el aumento de tensiones en los últimos dos años a “errores, malentendidos y mala gestión” entre el establishment militar paquistaní y el gobierno talibán.​

Kugelman coincide en que los talibanes no igualan al ejército paquistaní en capacidad, pero sus operaciones en puestos fronterizos, combinadas con TTP, representan una amenaza asimétrica. Imtiaz Gul, director del Centro de Investigación y Estudios de Seguridad en Islamabad, predice un “crecimiento de la amenaza militante del TTP más que nunca post-choques”, urgiendo fortalecer inteligencia y contraterrorismo para eliminar estas redes. Incidentes como el ataque del 21 de diciembre de 2024 en la frontera, que mató a 16 paquistaníes, o el bombardeo paquistaní en Paktika que causó 46 muertes civiles afganas (incluyendo refugiados waziristaníes), ilustran el ciclo vicioso. Gul enfatiza que Pakistán debe mejorar sus capacidades para combatir el terrorismo que surge de santuarios afganos.​

Reacciones internacionales y el papel de potencias regionales

El conflicto ha atraído atención global, con Rusia llamando a la contención el 13 de octubre, buscando estabilizar la frontera para aumentar su influencia en Afganistán. El presidente estadounidense Donald Trump se ofreció a mediar, declarando su disposición para “ayudar a terminar el conflicto” en un tuit, recordando su rol en negociaciones previas con los talibanes. Arabia Saudita, que firmó un pacto de defensa con Pakistán recientemente, urge diálogo pero podría respaldar a Islamabad si escalara, alterando el equilibrio regional.​

India, acusada por Pakistán de financiar insurgentes, ha mantenido silencio oficial pero observadores notan implicaciones para Cachemira y la dinámica Indo-Pak. El ministro de Exteriores paquistaní Ishaq Dar expresó preocupación por los choques, mientras Muttaqi pausó operaciones “por el momento”, señalando una ventana para desescalada.​

Es hora de desescalar? Intentos diplomáticos y lazos humanos compartidos

A pesar de las fricciones, ambos países han intentado mejorar lazos: en mayo de 2025, Pakistán anunció elevar relaciones diplomáticas con los talibanes, designando un embajador en Kabul sin reconocer formalmente el régimen. Comparten historia profunda: millones de afganos han refugado en Pakistán durante 40 años de guerra, pero en 2023 Islamabad inició repatriaciones masivas de unos 4 millones, deportando más de 800.000 hasta ahora, lo que ha tensado más las relaciones.​

Samad insta a “diálogos constructivos” en lugar de tácticas beligerantes, notando vulnerabilidades mutuas: afganos con poco que perder ante superioridad militar paquistaní, pero Pakistán frágil internamente por divisiones étnicas y económicas. “Ahora es tiempo de estadismo, precaución y diálogo honesto; no hay espacio para engaños o fanfarronadas”, concluyó Samad. Observadores como Kugelman ven potencial en mediación internacional para romper el ciclo, pero advierten que sin abordar el TTP, la paz fronteriza seguirá elusiva.

La información se recopila de Times of Oman y DW.