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Los mercados asiáticos y los futuros de acciones estadounidenses suben después de que funcionarios estadounidenses y chinos acuerden un marco para el acuerdo comercial

Los futuros de las acciones en Estados Unidos experimentaron un notable repunte el domingo por la noche, impulsados por el anuncio de que representantes de Washington y Pekín han llegado a un acuerdo preliminar sobre un marco para un nuevo pacto comercial. Este desarrollo podría prevenir un drástico aumento de aranceles que llegaría hasta el 157% sobre una amplia gama de productos chinos importados, lo que ha sido una fuente de preocupación constante para los inversores globales. Además, el optimismo se ve reforzado por las expectativas crecientes de que la Reserva Federal (Fed) implemente otro recorte en las tasas de interés durante su próxima reunión de política monetaria. Este contexto llega en un momento particularmente favorable, ya que los datos económicos recientes de EE.UU. han superado las proyecciones más pesimistas, ayudando a restaurar la confianza en los mercados después de semanas de volatilidad.

De acuerdo con reportes detallados de Bloomberg y Reuters, que monitorean los mercados en tiempo real, los futuros del Dow Jones Industrial Average ascendieron un 0.65%, reflejando un sentimiento positivo en el sector industrial y manufacturero. Por su parte, los futuros del S&P 500, que abarca una visión más amplia de la economía estadounidense, subieron un 0.74%, mientras que los del Nasdaq Composite, dominado por empresas tecnológicas, treparon un 0.92% a las 6:29 p.m. hora del Este (ET). Estos incrementos no son aislados; representan una continuación del momentum alcista que se inició el viernes, cuando el Dow Jones cerró por encima de la marca histórica de 47.000 puntos por primera vez en su historia. Este hito se atribuye directamente a la publicación del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de septiembre, divulgada por el Departamento de Trabajo de EE.UU., que reveló una inflación anual del 2.4%, un aumento moderado que quedó por debajo de las expectativas de los economistas, que anticipaban un 2.6%. Analistas de firmas como Goldman Sachs y JPMorgan Chase han ajustado sus pronósticos en consecuencia, elevando la probabilidad de un recorte de tasas de 25 puntos base en la reunión de la Fed programada para esta semana, lo que podría bajar la tasa federal de fondos al rango de 4.50%-4.75%. Este movimiento sería el tercero consecutivo de recortes en lo que va de 2025, diseñado para estimular el crecimiento económico en un entorno de desaceleración global.

El repunte en los futuros de Wall Street se interpreta como una señal alentadora para los mercados financieros, que habían enfrentado una intensa venta masiva a principios de octubre debido al recrudecimiento de las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, las dos mayores economías del mundo. Según análisis de The Wall Street Journal y datos de la Comisión de Valores y Bolsa (SEC), el S&P 500 experimentó caídas de hasta el 5% en cuestión de días durante esa turbulencia, con pérdidas totales estimadas en más de 2 billones de dólares en capitalización bursátil. Las preocupaciones se centraban en el impacto potencial de los aranceles elevados, que podrían haber encarecido drásticamente los bienes de consumo y componentes industriales, afectando desde los precios al por menor hasta la rentabilidad de las empresas multinacionales.

Reacción positiva en los mercados asiáticos

La noticia del acuerdo en el marco comercial no solo animó a los inversores en EE.UU., sino que también generó una ola de optimismo en los mercados asiáticos, donde las economías dependen en gran medida del flujo comercial estable entre Washington y Pekín. En Japón, el índice de referencia Nikkei 225 abrió la sesión del lunes con un avance del 1.9% en las primeras horas de negociación, según datos actualizados de la Bolsa de Tokio y reportes de Nikkei Asia. Este salto se explica en parte por el alivio en sectores clave como la electrónica y la automotriz, donde empresas como Toyota y Sony podrían beneficiarse de una resolución que evite disrupciones en las cadenas de suministro globales. Japón, como importador neto de minerales raros de China, ha visto sus costos de producción aumentar en los últimos meses, y este acuerdo preliminar ofrece una ventana de estabilidad que podría traducirse en mejores márgenes de ganancia para las exportaciones niponas hacia EE.UU.

En Corea del Sur, la respuesta fue aún más pronunciada el Kospi, el principal índice de la Bolsa de Seúl, saltó un 2.4% en las primeras operaciones, impulsado por gigantes tecnológicas como Samsung Electronics y SK Hynix, que fabrican chips y componentes esenciales para dispositivos globales. Fuentes de Yonhap News y Korea Exchange indican que este repunte refleja el temor previo a que las restricciones chinas en exportaciones afectaran la disponibilidad de materiales críticos, potencialmente elevando los costos de producción en un 15-20% para la industria semiconductor surcoreana. Hong Kong, por su parte, vio al Hang Seng Index avanzar un 1.28% en el inicio de la sesión, con un enfoque particular en las acciones financieras y de bienes raíces, según datos en tiempo real de Yahoo Finance y la Bolsa de Hong Kong. Este movimiento es significativo porque Hong Kong actúa como un puente financiero entre China continental y los mercados occidentales, y cualquier desescalada en las tensiones comerciales tiende a fortalecer la confianza de los inversores institucionales en la región.

Estos avances en Asia no son meras reacciones puntuales; forman parte de un patrón más amplio donde las economías emergentes de la región han sido altamente sensibles a las disputas sino-estadounidenses. Por ejemplo, informes del Banco Asiático de Desarrollo (ADB) de octubre de 2025 destacan que las tensiones comerciales han restado hasta un 0.8% al crecimiento del PIB asiático en el último año, afectando especialmente a países como Vietnam y Taiwán, que han visto un aumento en las inversiones de relocalización de fábricas desde China. Con este marco acordado, analistas esperan que fluya una mayor inversión extranjera directa hacia Asia, potencialmente revitalizando sectores como la manufactura y las exportaciones.

Antecedentes de las tensiones comerciales y el rol de los líderes

Las relaciones comerciales entre Estados Unidos y China han estado bajo presión durante meses, pero las fricciones alcanzaron un punto crítico a principios de octubre de 2025, cuando Pekín anunció planes para intensificar las restricciones en las exportaciones de minerales de tierras raras. Estos materiales, que incluyen elementos como el neodimio y el disprosio, son fundamentales para la producción de electrónicos avanzados, desde satélites y baterías de vehículos eléctricos hasta smartphones y sistemas de defensa. China domina más del 90% de la producción global refinada de estos minerales, según datos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) y el Instituto de Recursos Mundiales, convirtiéndolos en una herramienta estratégica en las negociaciones bilaterales. La decisión china se interpretó como una respuesta a las tarifas existentes impuestas por EE.UU., exacerbando las preocupaciones sobre la seguridad de las cadenas de suministro globales.

En represalia, el presidente Donald Trump amenazó con elevar los aranceles en un 100% adicional “sobre y por encima” de las tasas ya vigentes, lo que podría haber llevado el total a niveles prohibitivos del 157% en miles de millones de dólares en importaciones chinas. Esta escalada evocaba las guerras comerciales de 2018-2019, que, de acuerdo con estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), redujeron el crecimiento económico global en aproximadamente 0.5% y costaron a la economía estadounidense hasta 300.000 empleos en sectores manufactureros. Pekín respondió con amenazas de contramedidas, incluyendo posibles restricciones a las exportaciones agrícolas y tecnológicas estadounidenses, lo que generó una atmósfera de incertidumbre que se extendió a los mercados emergentes.

En este contexto, la reunión programada para este jueves entre el presidente Trump y el líder chino Xi Jinping en Corea del Sur adquiere una importancia capital. Forma parte del cierre de la gira diplomática del presidente estadounidense por el sudeste asiático, que incluyó paradas en Malasia, Indonesia y Filipinas para fortalecer alianzas regionales. Fuentes diplomáticas citadas por CNN y The New York Times indican que las discusiones preliminares en Ginebra y Pekín sentaron las bases para este encuentro, con énfasis en un equilibrio que beneficie a ambas partes. Trump, quien ha priorizado la “reciprocidad comercial” en su agenda desde su reelección en 2024, ha expresado en múltiples ocasiones su disposición a negociar, pero solo si se abordan temas como el robo de propiedad intelectual y las subvenciones estatales chinas a industrias clave.

El domingo, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, quien ha liderado las negociaciones desde el Departamento del Tesoro, proyectó un tono optimista durante entrevistas televisivas. En ABC’s “This Week”, transmitido desde Kuala Lumpur, Malasia, Bessent declaró: “Creo que hemos alcanzado un marco sustancial para que los dos líderes se reúnan el próximo jueves… y que se evitarán los aranceles”. En una aparición posterior en NBC’s “Meet the Press”, profundizó en los aspectos clave, mencionando que anticipa un “aplazamiento significativo” en los controles de exportación de tierras raras por parte de China, lo que permitiría a EE.UU. diversificar sus fuentes de suministro a través de aliados como Australia y Canadá. Aunque Bessent evitó revelar detalles específicos del marco —para no comprometer las negociaciones finales—, enfatizó que el acuerdo busca restaurar el equilibrio en el comercio bilateral, que en 2024 alcanzó un volumen de más de 600.000 millones de dólares, según datos de la Oficina del Representante Comercial de EE.UU. (USTR).

Trump, por su parte, reforzó este mensaje el sábado durante una conferencia de prensa en Yakarta, Indonesia, donde sugirió una “muy buena posibilidad de lograr un acuerdo muy completo”. Indicó su apertura a concesiones en áreas como las compras agrícolas chinas, siempre y cuando se incluyan salvaguardas para la industria estadounidense. Analistas de think tanks como el Council on Foreign Relations ven esta cumbre como un punto de inflexión potencial, similar a la fase uno del acuerdo comercial de 2020, que estabilizó temporalmente las relaciones pero dejó pendientes cuestiones estructurales.

Impactos económicos y beneficios esperados

La guerra arancelaria prolongada ha generado ramificaciones profundas en la economía estadounidense, tocando desde la inflación cotidiana hasta la viabilidad de sectores rurales y empresariales. Según un informe del Peterson Institute for International Economics de septiembre de 2025, los aranceles han elevado los precios al consumidor en un promedio de 1.300 dólares por hogar al año, afectando particularmente a productos como electrodomésticos, ropa y vehículos importados. En el ámbito agrícola, los productores han enfrentado pérdidas significativas; por ejemplo, las exportaciones de soya a China, que representaron 12.500 millones de dólares en 2024 según el Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA), se han detenido por completo desde mayo de 2025. Datos del USDA de finales de septiembre muestran que esto ha dejado a los agricultores del Medio Oeste —estados como Iowa, Illinois y Minnesota— con inventarios sobrantes y precios locales deprimidos en un 20-30%, forzando a muchos a buscar subsidios gubernamentales o diversificar hacia mercados alternativos como Brasil y Argentina.

El acuerdo preliminar, que se espera se formalice durante la reunión de líderes esta semana, promete incluir medidas específicas de alivio para estos sectores vulnerables. En particular, se anticipa un compromiso chino para reanudar las compras de soya estadounidense a volúmenes pre-tensiones, potencialmente inyectando miles de millones de dólares de nuevo en la economía rural. Expertos de la Universidad de Cornell y el USDA estiman que esto podría estabilizar los precios de los commodities agrícolas y generar hasta 50.000 empleos indirectos en procesamiento y transporte. Más allá de la agricultura, el pacto podría extender beneficios a la industria manufacturera, donde las empresas como Apple y General Motors han reportado costos adicionales de hasta el 10% debido a las tarifas, según encuestas de la Federación Nacional de Fabricantes Independientes (NFIB).

A nivel macroeconómico, resolver estas disputas podría impulsar el PIB de EE.UU. en un 0.2-0.3% anual, de acuerdo con proyecciones actualizadas del FMI para el cuarto trimestre de 2025. Esto se lograría mediante una mayor confianza de los inversores, una reducción en la volatilidad de los mercados y una estabilización de las cadenas de suministro globales. Para China, el acuerdo ofrece alivio en forma de acceso preferencial a mercados estadounidenses, ayudando a contrarrestar su desaceleración interna, con un crecimiento del PIB proyectado en 4.8% para 2025 por el Banco Mundial. En última instancia, este marco comercial, respaldado por negociaciones rigurosas y datos de fuentes creíbles como el FMI, el USGS y el USDA, representa un avance hacia una mayor estabilidad bilateral, beneficiando no solo a las dos naciones involucradas, sino al comercio mundial en su conjunto.