Trump impone aranceles adicionales del 100% a los productos chinos, aumenta los controles de exportación sobre el ‘software crítico’
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este viernes una escalada significativa en la guerra comercial con China al declarar la imposición de aranceles adicionales del 100% sobre todos los productos importados de ese país, una medida que se sumará a los gravámenes existentes y entrará en vigor el 1 de noviembre de 2025, o incluso antes si Pekín toma acciones adicionales. Esta decisión, que podría elevar la tasa efectiva de aranceles en importaciones chinas hasta el 130-140%, responde directamente a las recientes restricciones impuestas por China sobre la exportación de minerales de tierras raras, recursos vitales para la industria tecnológica global. Además, el Gobierno estadounidense aplicará controles estrictos de exportación sobre todo el “software crítico”, lo que podría afectar sectores como la inteligencia artificial, el diseño de chips y la computación en la nube.
La declaración de Trump, publicada en su plataforma Truth Social, ha generado una reacción inmediata en los mercados financieros, con el índice S&P 500 cayendo un 2,7%, su mayor descenso desde abril, reflejando temores de una recesión global renovada por la reavivación de tensiones comerciales. Analistas de firmas como Wells Fargo Economics y el Federal Reserve Bank of New York destacan que, aunque los aranceles actuales sobre bienes chinos varían entre el 7,5% en productos de consumo y el 50% en acero y aluminio, la tasa efectiva promedio se sitúa en torno al 40%, lo que hace que esta nueva ronda eleve drásticamente los costos para las empresas y consumidores estadounidenses.
El contexto de la escalada: Restricciones chinas sobre minerales de tierras raras
La medida de Trump llega apenas un día después de que el Ministerio de Comercio de China anunciara, el jueves, una ampliación drástica de sus controles de exportación sobre tierras raras, elementos químicos esenciales para la fabricación de tecnologías avanzadas. Estos minerales, que incluyen 17 elementos como lantano, cerio, neodimio y disprosio, son fundamentales para componentes en vehículos eléctricos, baterías, semiconductores, turbinas eólicas, misiles y dispositivos electrónicos cotidianos, y China domina aproximadamente el 70% de la producción mundial y más del 90% del procesamiento refinado.
En su anuncio oficial, conocido como Notificación 2025 No. 61 del Ministerio de Comercio, Pekín añadió cinco nuevos elementos a la lista de restricciones —incluyendo gadolinio, terbio, europio y iterbio—, elevando el total a 12 de los 17 minerales de tierras raras bajo control estricto. A partir del 1 de diciembre de 2025, las empresas extranjeras deberán obtener una licencia especial para exportar cualquier producto que contenga más del 0,1% de tierras raras de origen chino o fabricado con tecnologías chinas de extracción, refinado, producción de imanes o reciclaje. Estas licencias serán denegadas a entidades vinculadas con usos militares, terrorismo o listadas en controles de exportación, y se aplicará un escrutinio individual a aplicaciones en semiconductores avanzados, memorias de sub-nanómetro, inteligencia artificial con potencial militar o pruebas de chips.
Expertos como Dan Wang, director de China en Eurasia Group, describen esta ampliación como una “mejora significativa en el control de exportaciones de tierras raras”, que no solo cubre materias primas sino también propiedad intelectual y equipos especializados, fortaleciendo la posición de China en la cadena de valor global. Además, el anuncio incluye prohibiciones para ciudadanos chinos que participen en actividades no autorizadas de minería o producción de imanes en el extranjero, lo que busca prevenir la “abuso” de estos recursos en aplicaciones sensibles. Wendy Cutler, exnegociadora comercial de EE. UU. y vicepresidenta del Asia Society Policy Institute, subraya que Pekín está “consciente de su apalancamiento” en este sector y lo usa estratégicamente en negociaciones, potencialmente forzando concesiones de Washington como reducciones en aranceles o alivio en restricciones de exportación estadounidenses.
Trump caracterizó esta movida china como una “postura extraordinariamente agresiva” y una “carta extremadamente hostil al mundo”, alegando que afecta a todos los países sin excepción y forma parte de un plan “devuelto años atrás” que viola las normas del comercio internacional. En su publicación en Truth Social, el presidente escribió: “Es absolutamente inaudito en el comercio internacional y una deshonra moral en el trato con otras naciones”, enfatizando que su respuesta se limita inicialmente a EE. UU., aunque insta a otros países a actuar.
Antecedentes de la guerra comercial: De la pausa a la reescalada
Esta confrontación no surge de la nada, sino que revive una disputa que se intensificó al inicio del segundo mandato de Trump en 2025. En abril, las tensiones alcanzaron un pico con aranceles estadounidenses del 145% en ciertos bienes chinos, respondiendo a acusaciones de robo de propiedad intelectual y subsidios estatales, lo que llevó a represalias chinas y temores de recesión global. Tras varias rondas de negociaciones, ambas partes suspendieron los gravámenes más altos en un “alto el fuego” temporal, reduciendo las tarifas a niveles actuales y permitiendo un diálogo que parecía encaminado a un acuerdo más amplio.
Sin embargo, las restricciones chinas sobre tierras raras marcan un punto de inflexión, ya que estos minerales han sido un arma recurrente en la retórica de Pekín durante la administración Trump. Históricamente, China ha utilizado su dominio en este mercado —que se consolidó en las décadas de 1990 y 2000 mediante inversiones masivas en minería— para contrarrestar presiones estadounidenses, como en 2010 cuando cortó exportaciones a Japón durante una disputa territorial. En el contexto actual, analistas del Peterson Institute for International Economics advierten que esta estrategia busca no solo presionar en las mesas de negociación, sino también elevar la industria china en la cadena de suministro, fomentando la dependencia global de su expertise tecnológica.
La posible cancelación de la reunión entre Trump y Xi Jinping en la cumbre de la Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Gyeongju, Corea del Sur, a finales de octubre, añade más combustible al fuego. Trump había insinuado previamente que “no parece haber razón” para el encuentro debido a las acciones de China, lo que podría eliminar una oportunidad clave para la diplomacia y prolongar la incertidumbre económica.
Implicaciones económicas: Costos para industrias y consumidores
Los nuevos aranceles del 100% podrían tener un impacto profundo en la economía estadounidense y global. Productos como electrónicos, automóviles, paneles solares y maquinaria industrial —que dependen en gran medida de componentes chinos— verán aumentos significativos en precios, potencialmente elevando la inflación en EE. UU. y afectando el poder adquisitivo de los consumidores. Según estimaciones del Council on Foreign Relations, esto podría forzar a las empresas a rediseñar cadenas de suministro, acelerando la “desvinculación” (decoupling) entre EE. UU. y China, un proceso que ya ha costado miles de millones en inversiones y ha impulsado la relocalización de manufactura a países como Vietnam, México e India.
En el sector tecnológico, los controles sobre software crítico representan una amenaza particular. Aunque Trump no detalló qué software se ve afectado, reportes de Reuters indican que incluiría herramientas para diseño de chips, IA y computación en la nube, golpeando duramente a compañías como Nvidia, Intel y Microsoft, que dependen de ventas a China para gran parte de sus ingresos. Esto podría ralentizar el avance de la industria china en IA y semiconductores, pero también perjudicaría a firmas estadounidenses al limitar su acceso al mercado chino, el mayor del mundo en muchos segmentos.
George Chen, socio de The Asia Group, señala que estas medidas chinas están “predominantemente dirigidas al sector de defensa”, reflejando el deseo de Pekín de superar las capacidades militares de EE. UU., mientras que las represalias de Trump buscan proteger la “competitividad tecnológica nacional”. Sin embargo, inversores ya están apostando por el llamado “comercio TACO” —”Trump Always Chickens Out”—, anticipando que el presidente podría retroceder en sus amenazas, como ha ocurrido en el pasado.
Repercusiones geopolíticas y perspectivas futuras
A nivel global, esta escalada acelera la fragmentación del comercio mundial, dividiendo la economía en bloques liderados por EE. UU. y China, con impactos en aliados como la Unión Europea y Corea del Sur, que dependen de tierras raras para sus industrias de alta tecnología. El Brookings Institution advierte que una interrupción prolongada en el suministro de estos minerales podría causar escaseces en la producción de vehículos eléctricos y defensas, afectando metas climáticas y seguridad nacional.
China, por su parte, no ha emitido una respuesta oficial inmediata, pero fuentes del Ministerio de Comercio sugieren que las restricciones están diseñadas para negociaciones, no para una guerra total, con un plazo de 2,5 meses hasta diciembre para posibles acuerdos. Si las tensiones persisten, expertos del Carnegie Endowment for International Peace predicen un “efecto dominó” en otros sectores, como biotecnología y energías renovables, donde la interdependencia es alta.
En resumen, la decisión de Trump envía un mensaje inequívoco cualquier uso de influencia estratégica por parte de China encontrará una contramedida firme. No obstante, con economías frágiles post-pandemia y crecientes riesgos geopolíticos, esta confrontación podría repercutir en el crecimiento mundial, subrayando la necesidad de una resolución diplomática antes de que los aranceles entren en vigor.
