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Estallan combates mortales entre Hamás y un clan palestino en Gaza

En la ciudad sureña de Gaza, específicamente en Khan Younis, ha estallado uno de los enfrentamientos internos más intensos y sangrientos desde que inició la guerra hace más de un año. Este violento choque ha involucrado a fuerzas de seguridad de Hamás y a hombres armados pertenecientes al clan al-Mujaida, una de las familias más numerosas y poderosas de la región sur de Gaza, donde las tensiones sociales y políticas han sido exacerbadas por el conflicto prolongado, el bloqueo israelí y la escasez de recursos básicos que afectan a la población civil diariamente.

Khan Younis, una ciudad con una población de alrededor de 400.000 habitantes antes de la guerra, ha sido un foco de operaciones militares israelíes en los últimos meses, lo que ha desplazado a decenas de miles de personas y dejado gran parte de su infraestructura en ruinas, incluyendo hospitales, escuelas y barrios residenciales. En este contexto de caos y supervivencia, las divisiones internas entre facciones palestinas se han agudizado, convirtiendo a áreas como esta en polvorines donde las lealtades familiares y políticas chocan con la autoridad central de Hamás.

El Incidente en el Barrio al-Mujaida: Una Irrupción Violenta

De acuerdo con el relato oficial proporcionado por Hamás, sus fuerzas de seguridad llevaron a cabo una redada meticulosa en el vecindario al-Mujaida con el objetivo principal de detener a varios individuos sospechosos de colaborar con Israel. Esta operación, según las autoridades de Hamás, formaba parte de sus esfuerzos por preservar la seguridad interna y prevenir infiltraciones que pudieran socavar su control en medio de la guerra. Hamás, que gobierna Gaza desde 2007, ha intensificado estas acciones en los últimos meses para contrarrestar lo que percibe como amenazas de traición en un territorio donde la información y las alianzas son cruciales para su supervivencia.

Sin embargo, las cuentas de testigos locales y residentes del área ofrecen una versión mucho más dramática y caótica del suceso. Alrededor de 50 hombres armados, transportados en cinco camionetas pickup que se movían a gran velocidad por las calles polvorientas y destruidas del barrio, lanzaron un asalto coordinado contra el clan al-Mujaida. Estos atacantes estaban equipados con rifles de asalto de calibre pesado, como AK-47 y similares, y portaban al menos un lanzagranadas RPG, un arma letal comúnmente utilizada en el conflicto regional para perforar estructuras o vehículos. La irrupción resultó en la muerte inmediata de cinco miembros de la familia al-Mujaida, incluyendo posiblemente hombres, mujeres y jóvenes, lo que desató una respuesta furiosa de los parientes armados del clan.

La réplica fue inmediata y feroz: los familiares del clan, muchos de ellos con experiencia en combate debido a la prolongada ocupación y los enfrentamientos previos, tomaron posiciones en las casas y callejones del barrio, respondiendo con fuego de armas automáticas y posiblemente morteros improvisados. Lo que siguió fueron horas de tiroteos incesantes, con ráfagas de balas cruzando el aire y ecos de explosiones que resonaban en la noche, aterrorizando a los civiles que se refugiaban en sus hogares ya maltrechos. El barrio al-Mujaida, un laberinto de edificios de hormigón y calles estrechas, se convirtió en un campo de batalla improvisado, donde el humo de los disparos y el olor a pólvora se mezclaban con el polvo levantado por los vehículos.

Informes que han circulado rápidamente en redes sociales, aunque difíciles de verificar de manera independiente debido a las restricciones de acceso a Gaza y la censura en el terreno, sugieren que el saldo incluyó más de 11 miembros de Hamás fallecidos en el intercambio. Algunos relatos estremecedores describen cómo cuerpos de estos combatientes fueron arrastrados por las calles en un gesto de venganza y desafío público, un acto que evoca tácticas de humillación vistas en conflictos tribales o sectarios en otras partes del mundo árabe. Videos que se han viralizado en plataformas como Telegram y Twitter —sin embargo, no autenticados por periodistas independientes como los de la BBC— muestran varias figuras ensangrentadas vestidas con uniformes militares verdes característicos de Hamás, acompañadas de una voz en off que las identifica explícitamente como miembros de la “Unidad Sahm”, una fuerza élite de seguridad interna del grupo conocida por su rol en operaciones de inteligencia y contrainsurgencia dentro de Gaza.

Otro video capturado durante el clímax del enfrentamiento registra ráfagas continuas de gunfire desde posiciones elevadas y el impacto directo de un RPG contra la fachada de un edificio residencial, que colapsó parcialmente en una nube de escombros, ilustrando el riesgo inminente para los no combatientes en una zona densamente poblada. Estos materiales visuales, grabados con teléfonos móviles en condiciones precarias, han avivado el pánico y la especulación en línea, destacando cómo las redes sociales se han convertido en el principal medio de información en un lugar donde los medios tradicionales enfrentan bloqueos y peligros.

Finalmente, tras varias horas de violencia, un grupo de líderes locales y ancianos del clan intervinieron como mediadores tradicionales, una práctica arraigada en la cultura palestina para resolver disputas familiares. Su intervención diplomática culminó en un tenso intercambio de cuerpos entre las partes, un gesto simbólico destinado a desescalar el conflicto y prevenir una guerra abierta que podría extenderse a otros clanes o facciones en el sur de Gaza.

Ansiedades Crecientes y el Riesgo de una Guerra Civil

Aunque los motivos precisos detrás de este estallido siguen envueltos en misterio —posiblemente una mezcla de acusaciones de colaboración, disputas por recursos escasos como combustible o alimentos, o rivalidades preexistentes—, el incidente ha profundizado la ansiedad colectiva entre los palestinos de Gaza. La amplia disponibilidad de armas de fuego y explosivos, legados de décadas de conflicto y contrabando a través de túneles fronterizos, combinada con las tensiones latentes entre familias poderosas como los al-Mujaida y el dominio autoritario de Hamás, plantea el espectro de un colapso social que podría asemejarse a una guerra civil. En un territorio de apenas 365 kilómetros cuadrados, ya devastado por bombardeos israelíes que han destruido más del 60% de las viviendas según estimaciones de la ONU, y donde más de 1.9 millones de personas han sido desplazadas internamente, cualquier fractura interna agrava el sufrimiento humano, con escasez de agua, electricidad y atención médica que pone en jaque la vida cotidiana.

Hamás, que ha consolidado su poder durante 17 años mediante una combinación de servicios sociales, control militar y represión de disidentes, enfrenta ahora un resentimiento profundo de opositores a los que ha marginado o perseguido, incluyendo clanes rivales, facciones de Fatah y activistas locales. Esta ira acumulada es un factor clave en su rechazo rotundo al plan de alto el fuego propuesto por el expresidente Donald Trump, quien regresó al poder en 2025 y ha adoptado una postura dura hacia el grupo. Más allá de la oposición ideológica, Hamás teme represalias violentas directas: el desarme total exigido por el plan los dejaría vulnerables a ataques callejeros de enemigos internos, como los vistos en este incidente, donde sus miembros podrían ser ejecutados en público sin protección.

El jefe del ala militar de Hamás en Gaza, conocido por su influencia en decisiones estratégicas, ha comunicado explícitamente su desacuerdo con la propuesta, según fuentes confiables cercanas a la BBC. Trump presentó el plan el martes pasado, detallando condiciones estrictas como la rendición de armas, la liberación de rehenes y un cese de hostilidades, y ha establecido un ultimátum hasta las 18:00 EDT (22:00 GMT) del domingo para su aceptación, advirtiendo que de lo contrario desatará “todo el infierno” mediante acciones militares renovadas o sanciones internacionales. Este ultimátum ha intensificado la presión sobre Hamás, que ya lidia con divisiones internas y la fatiga de una guerra que ha cobrado decenas de miles de vidas palestinas, según reportes de organizaciones humanitarias como Médicos Sin Fronteras y Amnistía Internacional.

En resumen, este enfrentamiento en Khan Younis no es un evento aislado, sino un síntoma de las grietas profundas en la sociedad gazatí, donde la guerra externa se entrelaza con conflictos internos que amenazan con prolongar el ciclo de violencia y desesperación para civiles atrapados en el medio. La mediación local ha contenido el fuego por ahora, pero la estabilidad a largo plazo depende de soluciones políticas que aborden tanto el conflicto con Israel como las dinámicas internas de poder en Gaza.

La información se recopila de MSN y la BBC.