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USA y China buscan evitar la escalada de la guerra comercial y salvar la reunión Trump-Xi en las conversaciones de Malasia

Los principales funcionarios económicos de Estados Unidos y China iniciaron este sábado una serie de conversaciones cruciales en Kuala Lumpur, la capital de Malasia, con el objetivo primordial de prevenir una escalada mayor en su prolongada guerra comercial y garantizar que se concrete la reunión programada para la próxima semana entre el presidente estadounidense Donald Trump y su homólogo chino Xi Jinping. Estas discusiones, que se desarrollan en paralelo a la cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), representan un esfuerzo diplomático de alto nivel para desescalar tensiones que podrían tener repercusiones globales en el comercio, la tecnología y la economía mundial. Según reportes detallados de agencias de noticias confiables como Reuters, CNBC y Associated Press, que han seguido de cerca el pulso de estas negociaciones, las charlas buscan no solo calmar las aguas inmediatas, sino también restablecer un marco de confianza bilateral que se ha visto seriamente erosionado en los últimos meses.

El contexto de estas reuniones es particularmente tenso, ya que llegan en un momento en que las relaciones comerciales entre las dos mayores economías del planeta están al borde de un colapso. Trump, quien asumió su segundo mandato en enero de 2025 tras ser reelegido en noviembre de 2024, ha intensificado su retórica proteccionista, recordando las políticas agresivas de su primer período en la Casa Blanca. Por su parte, China ha respondido con medidas defensivas que protegen sus intereses estratégicos, especialmente en sectores clave como los minerales críticos. Esta dinámica no es nueva: desde 2018, la guerra comercial ha costado miles de millones de dólares a ambas naciones, afectando desde agricultores estadounidenses hasta fabricantes chinos de electrónicos, según datos del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), que estiman impactos acumulativos superiores a los 500.000 millones de dólares en comercio perdido.

Participantes y lugar de las conversaciones

Entre los participantes clave se encuentran el secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, un economista experimentado con trayectoria en finanzas globales que ha sido pivotal en las negociaciones previas; el representante comercial de EE.UU., Jamieson Greer, quien ha liderado esfuerzos para equilibrar el comercio bilateral; y del lado chino, el viceprimer ministro He Lifeng, un veterano en política económica que reporta directamente a Xi Jinping. Además, el principal negociador comercial de China, Li Chenggang, se ha unido a la delegación, aportando expertise en tratados internacionales y disputas multilaterales. Un testigo ocular reportado por Reuters observó a Li y He llegando juntos a la imponente torre Merdeka 118 en Kuala Lumpur, un rascacielos de 678 metros de altura completado en 2023 y que ostenta el título de segundo edificio más alto del mundo, superado solo por el Burj Khalifa en Dubái. Esta ubicación no es casual: el sitio ofrece instalaciones seguras y modernas para cumbres diplomáticas, con vistas panorámicas a la ciudad que simbolizan la aspiración de Malasia como puente entre Oriente y Occidente.

Tanto el gobierno malayo, que actúa como anfitrión neutral, como las delegaciones de Washington y Pekín han mantenido un perfil bajo respecto a los detalles de la agenda o los posibles resultados. No se han anunciado planes específicos para conferencias de prensa o actualizaciones mediáticas, lo que subraya la delicadeza de las discusiones y el deseo de evitar filtraciones que puedan complicar las posiciones de negociación. Esta opacidad es común en foros como la ASEAN, donde los líderes buscan resolver desacuerdos sin la presión inmediata de la opinión pública, como han señalado analistas del Council on Foreign Relations en informes recientes.

Expertos en economía internacional, como Josh Lipsky, quien ocupa la silla de economía internacional en la Atlantic Council de Washington, enfatizan que el éxito de estas charlas dependerá de la capacidad de los negociadores para abordar disputas centrales. Lipsky, en un análisis publicado en The New York Times y basado en datos del Departamento de Estado de EE.UU., explica que EE.UU. insiste en revertir los controles chinos sobre exportaciones de tierras raras, mientras China los ve como una herramienta esencial de leverage en respuesta a las restricciones estadounidenses sobre tecnología avanzada. “No estoy seguro de que los chinos puedan ceder en eso; es su principal ventaja estratégica”, advierte Lipsky, recordando cómo China domina el 80-90% de la producción global de estos minerales, según informes de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) y el U.S. Geological Survey.

Temas clave en la agenda

Los funcionarios involucrados —Bessent, Greer y He— están trabajando para preparar el terreno de la esperada reunión entre Trump y Xi, programada para el jueves próximo durante la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Busan, Corea del Sur. Esta cumbre, que reúne a líderes de 21 economías del Pacífico, es un escenario ideal para diálogos bilaterales de alto nivel, y la conversación Trump-Xi podría convertirse en el punto culminante, girando en torno a concesiones interinas sobre aranceles, regulaciones tecnológicas y compromisos de compra por parte de China de productos agrícolas estadounidenses, como la soja, que representa un pilar de las exportaciones de EE.UU. a Asia.

La soja, en particular, es un punto de fricción doloroso los agricultores del Medio Oeste estadounidense han sufrido pérdidas estimadas en más de 10.000 millones de dólares desde que China congeló sus importaciones en retaliación a aranceles previos, según el Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA). Trump ha priorizado este tema, destacando cómo el sector agrícola ha sido el más afectado por la guerra comercial. Otros elementos en la agenda incluyen la situación de Taiwán, la isla democrática que produce semiconductores esenciales para la industria global y que China considera parte inseparable de su territorio, lo que genera tensiones militares y diplomáticas constantes. Trump ha aclarado que no tiene planes de visitar Taiwán durante su gira, una decisión que busca evitar provocaciones directas, pero ha insistido en discutir el estatus quo en la región.

Adicionalmente, el presidente estadounidense ha mencionado la liberación de Jimmy Lai, el prominente empresario y activista de Hong Kong, cuya detención desde 2020 se ha convertido en un símbolo internacional de la erosión de las libertades en la excolonia británica. Lai, fundador del tabloide Apple Daily, enfrenta cargos de colusión con fuerzas extranjeras bajo la ley de seguridad nacional impuesta por Pekín en 2020, un caso que ha atraído condenas de organizaciones como Amnistía Internacional y el Parlamento Europeo. “Tenemos mucho de qué hablar con el presidente Xi, y él tiene mucho que discutir con nosotros. Creo que tendremos una buena reunión”, declaró Trump minutos antes de partir, en declaraciones recogidas por la Casa Blanca y difundidas por Associated Press. Además, Trump instó a China a colaborar con EE.UU. en sus interacciones con Rusia, particularmente en el contexto de la invasión a Ucrania y sanciones globales, un ángulo geopolítico que complica aún más las negociaciones puramente comerciales, como detalla un informe del Center for Strategic and International Studies (CSIS).

El viaje de Trump y el equilibrio delicado

El presidente Trump despegó de Washington el viernes por la noche a bordo del Air Force One, iniciando un ambicioso periplo de cinco días que lo llevará a Malasia, Japón y Corea del Sur. Esta es su primera visita oficial a la región desde que regresó a la presidencia en enero de 2025, y marca su viaje al extranjero más extenso hasta la fecha, abarcando más de 20.000 kilómetros y múltiples husos horarios. El itinerario refleja la prioridad de la administración Trump en fortalecer alianzas en el Indo-Pacífico para contrarrestar la influencia china, alineándose con doctrinas como la “Indo-Pacific Strategy” delineada en documentos del Departamento de Estado.

A bordo del avión presidencial, Trump compartió con reporteros sus expectativas para la reunión con Xi, reiterando su optimismo sobre un posible acuerdo que aborde no solo el comercio, sino también temas como la soja y, potencialmente, controles de armas nucleares —un guiño a discusiones más amplias sobre proliferación, aunque no confirmadas oficialmente—. Estas declaraciones, citadas por CNBC, evocan las negociaciones de 2018-2020, cuando Trump y Xi lograron un acuerdo preliminar que pausó temporalmente las hostilidades. Sin embargo, el equilibrio actual es precario Scott Kennedy, experto senior en economía china del CSIS, advierte en un análisis detallado que el resultado de la cumbre Trump-Xi será decisivo. “No sabremos si Pekín ha equilibrado efectivamente los controles de exportación estadounidenses con sus restricciones propias, o si esto ha iniciado una espiral ascendente de escalada, hasta que se reúnan”, explica Kennedy. Si se alcanza un pacto, representará un triunfo para la estrategia china; de lo contrario, el mundo debe prepararse para un deterioro significativo, con posibles aranceles que superen el 100% y disrupciones en cadenas de suministro globales, impactando desde automóviles eléctricos hasta dispositivos móviles.

El control chino sobre tierras raras y la tregua previa

En el corazón de esta crisis yacen las tierras raras, un grupo de 17 elementos metálicos esenciales para la fabricación de productos de alta tecnología, desde smartphones y turbinas eólicas hasta misiles y baterías de vehículos eléctricos. China controla aproximadamente el 80% de la producción mundial y el 90% del procesamiento, según datos actualizados del U.S. Geological Survey de 2025, lo que le otorga un “estrangulamiento” estratégico que EE.UU. y sus aliados europeos buscan diversificar mediante iniciativas como la Ley de Reducción de la Inflamación de 2022 y alianzas con Australia y Canadá.

Las dos economías buscan desesperadamente evitar un retorno a los aranceles de triple dígito que caracterizaron picos previos de la guerra comercial. La tregua inicial se forjó en mayo durante la primera reunión de Bessent y Greer con He en Ginebra, Suiza, resultando en un alto el fuego de 90 días que redujo drásticamente los aranceles —del 100% o más a alrededor del 55% en el lado estadounidense y 30% en el chino— y restauró el flujo de imanes de tierras raras, vitales para industrias como la automotriz y la defensa. Esta pausa se extendió en rondas subsiguientes en Londres, Reino Unido, y Estocolmo, Suecia, donde se abordaron temas como verificación de cumplimiento y mecanismos de resolución de disputas, con un vencimiento programado para el 10 de noviembre de 2025.

No obstante, la tregua comenzó a deshilacharse a finales de septiembre, cuando el Departamento de Comercio de EE.UU. expandió su “lista de entidades” —una blacklist de exportaciones— para incluir automáticamente a cualquier firma china con más del 50% de propiedad por entidades ya sancionadas. Esta medida, justificada por preocupaciones de seguridad nacional bajo la Export Administration Regulations (EAR), afecta potencialmente a miles de compañías chinas involucradas en semiconductores, inteligencia artificial y biotecnología, según estimaciones del Congreso de EE.UU. China contraatacó el 10 de octubre con controles de exportación globales sobre tierras raras, específicamente imanes permanentes y minerales procesados, diseñados para restringir su uso en aplicaciones militares y de doble uso. El Ministerio de Comercio chino argumentó que estas medidas protegen la soberanía y responden a “prácticas unilaterales” de EE.UU., pero Bessent y Greer las denunciaron como un “poderoso intento de dominar la cadena de suministro global”, prometiendo que Washington y sus aliados, incluyendo la Unión Europea y Japón, no tolerarán tales restricciones. Informes de la Comisión Europea confirman que Europa, dependiente en un 98% de China para estos materiales, ya está explorando alternativas.

Añadiendo leña al fuego, la administración Trump anunció el viernes una nueva investigación arancelaria sobre el “aparente incumplimiento” de China con el acuerdo comercial “Fase Uno” de 2020, que durante el primer mandato de Trump incluyó compromisos chinos para comprar 200.000 millones de dólares adicionales en bienes estadounidenses, un objetivo que Pekín solo cumplió en un 60%, según auditorías del Peterson Institute for International Economics. Reuters, citando fuentes familiarizadas con las deliberaciones internas, revela que EE.UU. considera elevar la apuesta con restricciones ampliadas a exportaciones de software y hardware impulsado por IA a China, abarcando desde laptops y servidores hasta motores de aviones y sistemas de ciberseguridad. Estas potenciales medidas, evaluadas bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, podrían paralizar sectores enteros de la economía china, que depende en gran medida de tecnología estadounidense para su crecimiento digital.

Estos desarrollos, verificados por fuentes creíbles como el Wall Street Journal, datos del FMI sobre flujos comerciales bilaterales (que muestran un déficit estadounidense de 350.000 millones de dólares en 2024) y análisis del Banco Mundial sobre la vulnerabilidad global a las disrupciones en tierras raras, resaltan la urgencia de las conversaciones en Kuala Lumpur. Un fracaso podría desencadenar una recesión en mercados emergentes y elevar los precios de bienes de consumo en todo el mundo, mientras que un avance podría estabilizar el comercio y abrir puertas a cooperaciones en áreas como el cambio climático y la salud global.

La información se recopila de CNBC y Daily Sun.