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Lionel Messi visita el Camp Nou y dice que espera regresar para despedirse del Barcelona.

El viaje de Messi a Barcelona no fue un plan grandioso, sino un rápido desvío personal en medio de una agenda repleta. Tras su hazaña en los playoffs de la MLS, que comenzaron a una hora poco habitual para los husos europeos, el ocho veces ganador del Balón de Oro abordó un vuelo privado desde Miami, aterrizando alrededor de las 2:30 p.m. hora local del domingo. Acompañado por su compatriota Rodrigo De Paul, adelantó su llegada para unirse a la selección nacional un día antes en Alicante, preparando el amistoso del viernes contra Angola. En lugar de dirigirse directamente allí, el dúo optó por unas horas de reflexión en la ciudad que Messi llamó hogar desde los 13 años.

Alojándose en un hotel cerca del estadio, en lugar de su antigua residencia, Messi y De Paul cenaron antes de dirigirse al Camp Nou bajo el amparo de la noche. La visita fue tan discreta que incluso el personal del Barcelona se sorprendió; Messi simplemente llegó a la puerta y su solicitud de entrada fue concedida sin aspavientos. Caminó sobre el césped en medio de las obras de renovación en curso, observando el espacio transformado que ha estado parcialmente cerrado desde 2023 por una gran remodelación que se espera aumente su capacidad a 105.000 asientos. Las fotos compartidas por Messi lo mostraban solo en las gradas y en el campo, una figura solitaria en la vasta y resonante arena. Para el lunes por la mañana, él y De Paul ya habían volado a Alicante, dejando que la historia se desarrollara a través de su publicación en redes sociales.

Un mensaje sincero: las palabras de Messi resuenan en el tiempo

El pie de foto de Messi en Instagram cayó como un trueno, cargado de emoción y nostalgia. “Anoche regresé a un lugar que extraño con el alma”, escribió en español. “Un lugar donde fui inmensamente feliz, donde ustedes me hicieron sentir mil veces la persona más feliz del mundo. Espero algún día poder regresar, y no solo para despedirme como jugador, ya que nunca pude…”. Las palabras resonaron profundamente con los aficionados, evocando el abrupto final de su etapa en el Barcelona en agosto de 2021, cuando los problemas financieros forzaron al club a dejarlo libre hacia el Paris Saint-Germain, en medio de las restricciones por la COVID que le negaron una despedida adecuada.

Durante 17 años, Messi se convirtió en sinónimo del Blaugrana, anotando un récord de 672 goles en 778 partidos y levantando 10 títulos de La Liga y cuatro Ligas de Campeones. Su vínculo con el Camp Nou, donde deslumbró por primera vez como adolescente tras ingresar a La Masía en el año 2000, sigue siendo irrompible. La respuesta oficial del Barcelona fue rápida y afectuosa: “Siempre serás bienvenido en tu casa, Leo”, publicó el club en X, subrayando el cariño mutuo que persiste pese a la dolorosa separación. Los aficionados inundaron las redes sociales con homenajes, muchos viendo este gesto como un puente para sanar viejas heridas.

Sombras persistentes: el dolor de una salida forzada

La visita reabrió las cicatrices de la partida de Messi en 2021, una saga que aún divide opiniones en los círculos futbolísticos catalanes. En aquel entonces, la deuda asfixiante del Barcelona —agravada por la pandemia— impidió al presidente Joan Laporta renovar el contrato de Messi, lo que derivó en una emotiva rueda de prensa donde el delantero rompió en llanto. Posteriormente, Messi reveló sentimientos de traición, tras haber rechazado ofertas lucrativas en otra parte para quedarse y ayudar a reconstruir. Ese apresurado traslado al PSG, seguido por su triunfal Mundial con Argentina en 2022 y un nuevo comienzo en Miami, no borraron los “qué habría pasado si…”.

Ahora, con las obras retrasando la reapertura completa del estadio hasta más adelante esta temporada —aunque ya se han reanudado sesiones de entrenamiento limitadas—, las palabras de Messi adquieren un peso adicional. Laporta ha propuesto la idea de un partido homenaje para honrar a Messi, imaginándolo como el evento perfecto para inaugurar el renovado recinto con el estadio lleno a reventar vitoreando a su héroe. “Sería fantástico”, afirmó Laporta recientemente tras un evento de prueba en el lugar. Si esto se materializa o no, sigue siendo incierto, pero la visita de Messi se siente como una súplica silenciosa por un cierre, una oportunidad para reescribir el final que nunca pudo contar.

Ecos más amplios: el ocaso de una leyenda y el futuro del fútbol

A los 38 años, Messi no muestra signos de desacelerar. Sus recientes exploits en la MLS —incluidos dos goles y dos asistencias contra Nashville— impulsan al Inter Miami hacia las semifinales de conferencia contra el FC Cincinnati el 23 de noviembre. Ha extendido su contrato con el club hasta 2028 y se perfila como favorito para otro premio al MVP. Sin embargo, este momento en el Camp Nou nos recuerda sus raíces, mezclando su estrellato global con una humildad que lo hace aún más entrañable.

Para el Barcelona, que sigue lidiando con su recuperación financiera y una competitiva temporada de La Liga, el gesto de Messi es un golpe de motivación, reavivando las conversaciones sobre legado y redención. A medida que el estadio renovado se acerca a su reapertura, simboliza no solo una renovación arquitectónica, sino también un posible cierre de círculo para el niño de Rosario que se convirtió en el más grande del fútbol. El deseo de Messi de regresar no es solo personal: es un sueño compartido por millones, esperando hacerse realidad.