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Francia da la bienvenida al nuevo primer ministro con protestas de “bloquearlo todo”

Francia inauguró a un nuevo primer ministro el miércoles, pero su llegada al poder fue eclipsada por masivas protestas bajo el lema “bloqueo total”, donde alrededor de 175.000 personas salieron a las calles para expresar su rechazo a las políticas de austeridad del gobierno. Estos manifestantes bloquearon carreteras principales, estaciones de tren y otros puntos clave, encendiendo fuegos y causando disrupciones significativas en el transporte y la vida cotidiana, en un movimiento que unió a grupos políticos variados y reflejó un descontento económico profundo.

El Ministerio del Interior francés reportó que al menos 473 personas fueron arrestadas durante el día, con un despliegue masivo de 80.000 agentes de policía desde las primeras horas de la mañana, según datos confirmados por la policía nacional y citados en informes de France 24. Aunque las protestas no lograron paralizar completamente el país como se proponían —un objetivo ambicioso que se viralizó en redes sociales como X (anteriormente Twitter)—, generaron un impacto notable en varias regiones. Se registraron al menos 262 incendios en las calles, muchos de ellos iniciados con barricadas improvisadas, y las autoridades tuvieron que intervenir en múltiples puntos para restablecer el orden. Fuentes como Reuters destacan que estas acciones surgieron de una frustración acumulada por las medidas de recorte presupuestario del gobierno centrista de Emmanuel Macron, que incluyen reducciones en gastos sociales y aumentos en impuestos indirectos, afectando especialmente a clases medias y bajas. Este tipo de protestas no es nuevo en Francia, pero esta vez se organizaron rápidamente a través de plataformas digitales, atrayendo a sindicatos, estudiantes y activistas independientes que comparten un sentimiento de desconexión con las élites políticas.

El primer día de Sébastien Lecornu en el cargo y el contexto político

El miércoles marcó el inicio oficial del mandato de Sébastien Lecornu como primer ministro, convirtiéndose en el quinto en menos de dos años, un reflejo de la inestabilidad política que ha plagado a Francia desde las elecciones legislativas de 2024. Lecornu, un político de 38 años con experiencia en defensa and medio ambiente, asistió a la ceremonia de traspaso en el Hôtel Matignon, la histórica residencia del primer ministro en París, mientras las protestas rugían en las calles cercanas. Aunque las manifestaciones se planificaron antes del colapso del gobierno anterior, su coincidencia con la toma de posesión amplificó el mensaje de rechazo.

Emmanuel Macron, presidente desde 2017, optó por Lecornu como un aliado cercano, lo que ha sido interpretado por críticos y manifestantes como una continuación de las mismas políticas fallidas. Lecornu, quien previamente sirvió como ministro de las Fuerzas Armadas y de Agricultura, es visto como una figura leal al macronismo, según análisis de BBC News. El gobierno anterior, liderado por François Bayrou, cayó tras una moción de censura aprobada por el Parlamento el lunes, forzando su renuncia el martes. Esta crisis se remonta a junio de 2024, cuando Macron disolvió la Asamblea Nacional y convocó elecciones anticipadas en un intento por fortalecer su posición, pero el resultado fue un parlamento fragmentado sin mayoría clara para su coalición centrista. Como resultado, el gobierno ha dependido de alianzas inestables con partidos opositores para aprobar leyes, lo que ha paralizado reformas clave.

La raíz del descontento radica en los intentos de Macron por estabilizar las finanzas públicas de Francia, que enfrentan un déficit presupuestario estimado en alrededor del 5-6% del PIB, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos (INSEE) y reportes de The Guardian. Las propuestas de recortes incluyen reducciones en subsidios energéticos, reformas laborales y ajustes en el sistema de pensiones, medidas que han generado backlash por su impacto en el costo de vida. Expertos en economía, citados en Bloomberg, señalan que Francia debe cumplir con las reglas fiscales de la Unión Europea, que limitan el déficit al 3% del PIB, pero la resistencia popular ha complicado su implementación.

Discurso de Lecornu y promesas de cambio ante la crisis

Durante su discurso en la ceremonia de traspaso, Lecornu mantuvo un tono sobrio y breve, reconociendo explícitamente la “brecha entre la vida real y la vida política” en Francia. Habló de la necesidad de “humildad y solemnidad” frente a la “inestabilidad y crisis” actual, palabras que resonaron en un contexto de protestas activas. Sin embargo, inyectó optimismo al afirmar que “nada es imposible” y propuso que el gobierno sea “más creativo y también más técnico” para reconciliar las expectativas de los votantes con la realidad fiscal del país.

Lecornu enfatizó un “cambio en el fondo” y no solo en la forma o el método de gobernar, prometiendo enfoques innovadores para abordar el déficit. Esto se alinea con declaraciones previas de Macron, quien ha descrito el déficit como una “dura realidad” que requiere reformas estructurales, según transcripciones oficiales del Elíseo y coberturas de Le Monde. Para contextualizar, Francia ha acumulado una deuda pública superior al 110% del PIB, exacerbada por la pandemia de COVID-19 y la crisis energética derivada de la guerra en Ucrania, como detalla un informe de la Comisión Europea. Lecornu podría enfocarse en áreas como la transición verde y la innovación tecnológica para estimular el crecimiento, aunque críticos dudan de que esto marque una ruptura real con políticas pasadas.

Alcance de las protestas, participación regional y comparaciones históricas

Las protestas no se limitaron a París; decenas de miles se congregaron en ciudades como Marsella, Lyon, Toulouse y Nantes, donde se reportaron bloqueos en autopistas y estaciones de tren de alta velocidad (TGV), según France Info. En Marsella, por ejemplo, manifestantes interrumpieron el tráfico portuario, afectando el comercio local, mientras que en Lyon se registraron enfrentamientos menores con la policía. El movimiento atrajo a una diversidad de participantes, desde sindicatos como la CGT hasta grupos ecologistas y de extrema izquierda, unidos por el rechazo a la austeridad.

Autoridades y analistas, como los de The Washington Post, compararon el evento con el inicio del movimiento de los “chalecos amarillos” en noviembre de 2018, que comenzó como una protesta contra un aumento en los impuestos al combustible pero evolucionó en un desafío masivo a la presidencia de Macron. Aquel movimiento duró más de un año, con manifestaciones semanales que incluyeron violencia, saqueos y un costo económico estimado en miles de millones de euros, según estudios del Banco de Francia. Aunque las protestas del miércoles no alcanzaron esa intensidad —con menos violencia reportada—, compartieron elementos como la organización grassroots en redes sociales y el enfoque en desigualdades económicas. Fuentes como Associated Press señalan que el gobierno se preparó con medidas preventivas, incluyendo prohibiciones temporales de manifestaciones en áreas sensibles, para evitar una escalada similar.

En un panorama más amplio, estas protestas subrayan tensiones europeas más amplias, donde países como Francia luchan con el equilibrio entre disciplina fiscal y justicia social. Expertos en política de la Universidad Sciences Po en París, citados en Politico Europe, advierten que sin un consenso parlamentario, Macron podría enfrentar más inestabilidad, posiblemente llevando a nuevas elecciones o coaliciones inestables.