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Los sospechosos del robo del Louvre acusados, joyas no recuperadas: fiscal de París

La fiscal pública de París, Laure Beccuau, anunció este miércoles que los dos sospechosos detenidos desde el fin de semana pasado han sido formalmente acusados de robo organizado y conspiración para cometer un delito en relación con el audaz asalto al Museo del Louvre ocurrido el 19 de octubre. Estas imputaciones se producen tras un período de 96 horas de detención preventiva, durante el cual los hombres han permanecido bajo interrogatorio intensivo. Beccuau enfatizó que, si son condenados, podrían enfrentar hasta 15 años de prisión por el robo organizado, más otros 10 años por la conspiración, acompañados de multas elevadas que reflejan la gravedad del crimen contra el patrimonio nacional francés. Ambas personas han sido remitidas a prisión preventiva, lo que asegura su custodia hasta el juicio, permitiendo a los investigadores continuar profundizando en el caso sin riesgo de fuga. Este desarrollo representa un avance significativo en una investigación que ha movilizado a unos 100 detectives desde el día del robo, pero las autoridades insisten en que el misterio sobre el paradero de las joyas robadas persiste, con un valor estimado en 88 millones de euros (alrededor de 102 millones de dólares). Beccuau, en su conferencia de prensa, expresó su esperanza de que estos tesoros regresen al Louvre y a la nación, aunque por ahora no hay rastro de ellos.

Durante la rueda de prensa, celebrada en la sede de la Fiscalía de París, Beccuau detalló que los progresos en la investigación han sido “mayores” de lo esperado, gracias a evidencias forenses clave y confesiones parciales de los acusados. La fiscal evitó revelar detalles específicos sobre las admisiones, citando el secreto de sumario, pero confirmó que estos hombres son considerados los principales ejecutores del robo. El caso ha captado la atención mundial no solo por el valor material de los objetos, sino por su significado histórico: las joyas pertenecen a la colección de las Joyas de la Corona Francesa, exhibidas en la icónica Galería de Apolo del Louvre, un espacio renacentista del siglo XVI que alberga reliquias de la monarquía francesa. Este robo marca el primer hurto de arte en el Louvre desde 1998, cuando se robó el cuadro Le chemin de Sèvres de Corot, y resalta vulnerabilidades en la seguridad de uno de los museos más visitados del mundo, con más de 10 millones de visitantes anuales.

Detalles de las detenciones y antecedentes de los sospechosos

Las detenciones de los dos hombres, ambos en sus treinta años y originarios del suburbio parisino de Seine-Saint-Denis, se llevaron a cabo el sábado por la noche en operaciones coordinadas por la Brigada de Represión de la Banditismo (BRB) de París y la Policía Nacional Francesa. Seine-Saint-Denis, un área periférica de la capital conocida por sus desafíos socioeconómicos y tasas elevadas de delincuencia organizada, ha sido un foco de atención en investigaciones previas de robos. Uno de los sospechosos fue arrestado alrededor de las 8 de la noche en el Aeropuerto Internacional Charles de Gaulle, mientras intentaba abordar un vuelo internacional sin boleto de regreso, lo que levantó sospechas inmediatas de los agentes de seguridad. Beccuau reveló que este individuo, quien reside en Francia desde 2010, tiene antecedentes penales por un robo cometido previamente, lo que lo había incluido en bases de datos policiales. Su doble nacionalidad francesa-argelina podría haber motivado el intento de huida hacia el norte de África, aunque las autoridades no han confirmado intenciones específicas de viaje.

El segundo sospechoso, identificado como un taxista de 35 años aproximadamente, fue capturado a las 8:40 de la noche cerca de su hogar en Seine-Saint-Denis, en una redada discreta que evitó cualquier resistencia. Su ADN coincidió con muestras recolectadas en una de las ventanas rotas del Louvre durante el asalto, así como con trazas en un scooter utilizado en la fuga. Beccuau detalló que este hombre tiene un historial más extenso de delitos, con condenas por “robos agravados” en 2008 y 2014, lo que sugiere experiencia en operaciones criminales de alto riesgo. Inicialmente, fuentes de la investigación habían reportado que planeaba viajar a Malí, su otro país de ciudadanía, pero la fiscal aclaró que no había evidencia de que estuviera a punto de abandonar Francia en ese momento; en cambio, estaba bajo vigilancia telefónica y física desde que se vinculó su perfil genético al crimen. Ambos hombres, con doble ciudadanía francesa (uno con Malí y el otro con Argelia), fueron identificados gracias a una comparación de ADN recuperado en el sitio del robo, incluyendo un casco abandonado y herramientas usadas. La BRB había activado protocolos de seguimiento inmediato tras el heist, lo que permitió estas capturas oportunas justo cuando intentaban evadir la justicia.

Estos antecedentes no son aislados: Seine-Saint-Denis ha sido escenario de bandas especializadas en robos de lujo, y los perfiles de los sospechosos encajan con patrones de delincuencia transnacional. Beccuau subrayó que las confesiones parciales de los detenidos —obtenidas durante interrogatorios exhaustivos— han proporcionado pistas valiosas sobre la logística del robo, aunque no han llevado aún a la recuperación de las piezas. La fiscal también mencionó que los hombres negaron inicialmente su rol, pero las pruebas irrefutables, como el ADN y grabaciones de CCTV, los obligaron a admitir “parcialmente” su involucramiento, lo que podría allanar el camino para más revelaciones en audiencias futuras.

La investigación en curso y la búsqueda de más cómplices

A pesar de estos logros, una cacería masiva a nivel nacional e internacional continúa por al menos dos sospechosos adicionales, presuntamente los que esperaban en motocicletas para facilitar la huida. Beccuau no descartó la existencia de más participantes, afirmando que “la evidencia hasta esta etapa no sugiere cómplices extras, pero exploramos todas las posibilidades, incluyendo ayuda interna en el museo”. Rumores sobre un posible informante dentro del Louvre han circulado desde el día del robo, y la directora del museo, Laurence des Cars, testificará pronto ante el Senado francés sobre debilidades en la seguridad, como la escasez de cámaras y recortes en el personal de vigilancia. Des Cars había solicitado una auditoría policial meses antes, pero las recomendaciones apenas se implementaban cuando ocurrió el asalto sindicatos como Union syndicale Solidaires han criticado la “destrucción de puestos de seguridad” en medio de un aumento en la afluencia de visitantes.

La evidencia forense ha sido pivotal: trazas de ADN de un scooter y la ventana cortada con una amoladora angular permitieron la identificación rápida. INTERPOL ha incorporado las descripciones y fotos de las joyas robadas a su base de datos de Obras de Arte Robadas, que incluye más de 57.000 ítems globales, y ha emitido un póster especial para alertar a sus 194 países miembros. Cualquier información sobre el robo o el paradero de los objetos debe reportarse directamente a la agencia. El robo en sí duró menos de ocho minutos, con solo cuatro dentro del museo los ladrones, disfrazados de trabajadores de la construcción con chalecos amarillos y naranjas, llegaron en un vehículo con un elevador de carga montado, similar a los usados en mudanzas parisinas. Accedieron al Balcón de Carlos IX en el lado sur del edificio, junto al Sena, extendieron una escalera metálica y cortaron el vidrio reforzado para entrar en la Galería de Apolo. Una vez adentro, amenazaron a los guardias con herramientas eléctricas, destrozaron dos vitrinas —”Joyas de Napoleón” y “Joyas de la Corona Francesa”— y sustrajeron ocho piezas, dejando caer accidentalmente la Corona de la Emperatriz Eugenia en la calle durante la fuga. Huyeron en dos scooters potentes por las orillas del Sena, el Boulevard Périphérique y la autopista A6 hacia Lyon, en el sureste. Alarmas se activaron inmediatamente, pero la rapidez y profesionalismo del equipo —posiblemente tres o cuatro personas— minimizaron el caos; no hubo violencia ni heridos, aunque el museo fue evacuado en pánico y cerrado temporalmente.

Este incidente se enmarca en una ola de robos en museos franceses: en septiembre de 2025, el Museo Adrien Dubouché perdió porcelanas; en noviembre de 2024, el Museo Cognacq-Jay y el Hiéron sufrieron hurtos similares; y el Museo Nacional de Historia Natural fue despojado de oro valorado en 600.000 euros. Expertos atribuyen esto a vulnerabilidades crecientes en instituciones culturales, agravadas por presupuestos ajustados y amenazas cibernéticas.

Las joyas robadas: un tesoro histórico invaluable

Las piezas sustraídas, exhibidas en la Galería de Apolo —un espacio barroco decorado con frescos de apoteos solares—, incluyen ocho objetos de la Corona Francesa del siglo XIX, incrustados con miles de diamantes, zafiros y otras gemas preciosas. Entre ellas destacan la Corona de Luis XV, el diamante Hortensia (un topacio brasileño de 20 quilates) y un collar de diamantes y esmeraldas que Napoleón regaló a su segunda esposa, María Luisa de Austria, como obsequio de bodas en 1810. Otras incluyen coronas, collares, aretes y broches pertenecientes a Napoleón y Josefina, símbolos de la opulencia imperial que sobrevivieron a revoluciones y guerras. Inicialmente se reportaron nueve ítems robados, pero la Corona de Eugenia se recuperó en la vía pública, posiblemente descartada en la prisa. Su valor no es solo monetario —estimado en 88 millones de euros por los peritos—, sino cultural representan la historia monárquica francesa, desde Luis XV hasta Napoleón III, y forman parte de una colección que el Estado francés atesora como herencia inalienable. El Louvre, hogar de la Mona Lisa y la Venus de Milo, ahora enfrenta el desafío de restaurar estas vitrinas y reforzar protocolos, mientras expertos en arte advierten sobre el mercado negro internacional para tales reliquias.

Reacciones oficiales y el impacto en el patrimonio francés

El ministro del Interior, Laurent Nuñez, felicitó a los investigadores en una publicación en redes sociales el domingo, destacando su “trabajo incansable” y confianza plena, bajo la autoridad de la corte interregional especializada de la Fiscalía de París. “Continuaremos con la misma determinación”, aseguró, prometiendo no bajar la guardia. El presidente Emmanuel Macron lo calificó como un “ataque al patrimonio que atesoramos porque es nuestra historia”, ordenando recursos adicionales para la pesquisa. La ministra de Cultura, Rachida Dati, quien supervisa el caso junto al Ministerio de Justicia, lo describió ante TF1 como una “operación simple pero espectacular”, elogiando la profesionalidad de los ladrones pero criticando las fallas de seguridad. “No hubo violencia, muy profesional”, dijo, aunque videos de CCTV muestran a los enmascarados actuando con calma calculada.

El Louvre reabrió al público días después, con barreras metálicas en entradas y mayor presencia policial, pero el incidente ha generado debates sobre la protección de sitios icónicos. Sindicatos denuncian recortes presupuestarios que han erosionado la seguridad, mientras que des Cars aboga por auditorías urgentes. Internacionalmente, el robo ha unido esfuerzos INTERPOL coordina con Europol, y expertos temen que las joyas terminen en colecciones privadas en Asia o Medio Oriente. Este caso subraya los retos globales contra el crimen cultural, pero también la resiliencia de instituciones como el Louvre en preservar la historia humana.

La información se recopila de abc News y BBC.