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Trump impone condiciones para las sanciones a Rusia

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha exigido a los países de la OTAN que intensifiquen la presión económica sobre Rusia, condicionando la imposición de nuevas sanciones estadounidenses a que los aliados cumplan con ciertas medidas específicas. En una carta publicada en su plataforma Truth Social, Trump insistió en que todos los miembros de la OTAN deben dejar de comprar petróleo ruso de inmediato y, además, imponer aranceles colectivos del 50% al 100% contra China para debilitar su influencia sobre Moscú y ayudar a terminar la guerra en Ucrania. Estas demandas surgen en un contexto de tensiones crecientes, ya que Trump ha criticado repetidamente a la OTAN por no mostrar un compromiso total para “ganar” el conflicto, argumentando que las compras continuas de petróleo ruso por parte de algunos aliados socavan la posición negociadora colectiva y financian directamente la maquinaria de guerra de Vladimir Putin. Según datos recientes, solo unos pocos países de la OTAN, como Turquía (el tercer mayor importador global de petróleo ruso después de China e India), Hungría y Eslovaquia, mantienen importaciones significativas de energía rusa, lo que representa un desafío para la unidad de la alianza. Trump ha enfatizado que, si se cumplen estas condiciones, la guerra podría terminar rápidamente, ya que Rusia depende en gran medida de sus exportaciones de petróleo para sostener su economía, con ingresos que han caído un 15% por debajo del promedio del mercado debido a sanciones existentes como el tope de precios impuesto por la UE. Sin embargo, expertos cuestionan la viabilidad de estas demandas, ya que implicarían un cambio drástico en las políticas energéticas y comerciales de la OTAN, y Trump ha impuesto condiciones similares en el pasado sin seguir adelante con acciones concretas, como aranceles secundarios contra países que apoyan a Rusia. Además, la Unión Europea ya ha reducido sus importaciones de petróleo ruso en un 90% mediante prohibiciones a las importaciones por mar y está considerando acelerar la eliminación total de combustibles fósiles rusos, incluyendo sanciones a la “flota sombra” de barcos que evaden restricciones, como parte de su 18º paquete de sanciones. Trump también ha tomado medidas unilaterales, como imponer un arancel del 25% a India por sus compras de petróleo ruso, aunque no ha aplicado lo mismo a China hasta ahora, lo que resalta inconsistencias en su enfoque. En resumen, estas demandas podrían fortalecer la presión sobre Rusia, pero dependen de una coordinación improbable entre aliados con intereses energéticos divergentes, y Trump ha expresado frustración por el lento progreso en sus iniciativas de paz, como las maniobras en Alaska que no lograron un alto el fuego.

Rzeczpospolita (Polonia) duda que el nuevo plan de Trump funcione

Al igual que sucedió con sus amenazas previas de imponer aranceles y sanciones, incluidas sanciones secundarias contra naciones como China que respaldan la maquinaria de guerra rusa al comprar petróleo y gas de Putin, todo terminó en nada y no se materializó en acciones concretas. Tampoco podemos esperar que todos los demás países de la OTAN estén dispuestos a infligir un golpe económico sustancial a Rusia y China, especialmente porque muchos dependen aún de suministros energéticos alternativos y temen impactos en sus economías internas. En el caso de China, es incluso dudoso que una mayoría de aliados apoye tal medida, dada la interdependencia comercial global y el hecho de que Beijing representa el mayor comprador de petróleo ruso, importando alrededor del 20% de sus necesidades energéticas de Moscú sin mostrar intenciones de reducirlo. Qué sigue entonces? Tendremos que esperar la próxima carta o declaración de Trump, mientras tanto, es crucial fortalecer nuestras capacidades de defensa en conjunto con otros países dispuestos que se sienten amenazados por Rusia, como Polonia, que recientemente sufrió un ataque con drones rusos en su espacio aéreo, lo que ha intensificado las preocupaciones sobre la escalada. De hecho, la UE ya ha implementado 18 paquetes de sanciones contra Rusia desde el inicio de la invasión a Ucrania en 2022, incluyendo topes de precios al petróleo que han reducido los ingresos rusos en un 15% y prohibiciones a importaciones por mar, aunque persisten flujos a través de oleoductos en países como Hungría. Estas medidas han llevado a una caída drástica en la dependencia europea de la energía rusa, de un 45% en gas natural en 2022 a solo un 13% proyectado para este año, pero Trump insiste en que no es suficiente y exige un cese total inmediato. Polonia, como uno de los aliados más expuestos, ha interceptado drones rusos con apoyo de la OTAN, y líderes europeos como Francia y Alemania han unido fuerzas en una nueva iniciativa para reforzar el flanco oriental de la alianza, moviendo recursos militares hacia el este.

No dispuesto a presionar a Moscú

En esencia, el presidente de EE.UU. está declarando que no impondrá sanciones a Rusia a menos que la UE se una a su guerra comercial contra China, según el análisis del bloguero y experto financiero Sergey Fursa en una publicación de Facebook recogida por Censor.net (Ucrania). Esto se traduce en un ultimátum claro: “O se unen a mi guerra comercial contra China o no estoy preparado para hablar de presionar a Rusia”, pero la UE no aceptará dañar su propia economía solo para ayudar a Trump a salvar la cara en su rivalidad con Pekín, especialmente porque China no hará concesiones y sigue siendo el principal socio comercial de Rusia. Además, cualquier presión sobre China no impactaría directamente a Rusia de manera significativa, ya que Beijing controla económicamente a Moscú al importar grandes volúmenes de petróleo, representando cerca del 20% de sus necesidades energéticas totales, y ha declarado abiertamente en Bruselas que no tiene interés en terminar la guerra. La fiabilidad de las promesas de Trump es limitada, y aunque la UE hipotéticamente aceptara sus términos –lo que parece altamente irreal– su conocido afecto por Putin podría llevar a nuevos caprichos impredecibles en cualquier momento, como ha sucedido con amenazas previas que no se cumplieron. Por ejemplo, Trump impuso recientemente un arancel del 50% a importaciones indias por sus compras de petróleo ruso, pero ha evitado acciones similares contra China debido a acuerdos comerciales sensibles, lo que genera dudas sobre su consistencia. Mientras tanto, Ucrania, a través de su presidente Volodímir Zelenski, ha urgido a los aliados a dejar de buscar excusas para no imponer sanciones más estrictas, enfatizando que cualquier acuerdo con Rusia debe cesar para detener la agresión. La presión interna en EE.UU. también crece, con facciones de su propio partido exigiendo sanciones más fuertes tras el estancamiento de sus esfuerzos diplomáticos, como el reciente incidente de drones rusos en Polonia que Trump minimizó como posiblemente accidental.

¿Qué hará falta para que el presidente de EE.UU. despierte?

Las declaraciones cautelosas de Trump revelan que aún no ha comprendido la estrategia agresiva de la dictadura de Putin y prefiere ignorarla, lo que solo resalta el fracaso de sus iniciativas de paz propias, como las maniobras humillantes en Alaska que no resultaron en un alto el fuego sino en una escalada de demandas rusas y operaciones militares más intensas, incluso en territorio de un miembro de la OTAN. Reflex (República Checa) se pregunta cuándo Trump reconocerá finalmente a Putin por lo que es un líder que ha intensificado ataques aéreos en Ucrania, incluyendo el mayor bombardeo del mes pasado, y ha probado las defensas de la OTAN con incursiones como el ataque con más de una docena de drones en el espacio aéreo polaco el miércoles, que Polonia describió como intencional mientras Moscú lo minimizó. Este incidente debería haber servido como una llamada de atención definitiva para el presidente estadounidense, especialmente porque aviones de combate de la OTAN interceptaron y destruyeron los drones, destacando la vulnerabilidad del flanco oriental. Trump ha respondido con paciencia menguante, mencionando en una entrevista de Fox News la posibilidad de sanciones adicionales contra bancos y productos energéticos rusos, afirmando que “vamos a venir muy, muy fuertes”. Sin embargo, sus condiciones, como exigir que Ucrania negocie directamente con Putin –algo que no ha sucedido–, han retrasado acciones concretas, y el Pentágono recientemente anunció el fin de un programa de entrenamiento para fuerzas de la OTAN en los Bálticos, lo que genera preocupaciones sobre el compromiso estadounidense. Mientras tanto, líderes ucranianos como Volodymyr Zelenskyy han instado a Europa a detener todas las compras de energía rusa, argumentando que desde 2022, los países europeos han gastado alrededor de 210 mil millones de euros en petróleo y gas ruso, financiando indirectamente la invasión.

Debilitando la alianza militar desde dentro

El jefe de la Casa Blanca se está convirtiendo en un lastre para la OTAN, concluye Público (Portugal), ya que la alianza sigue siendo la más poderosa del mundo militarmente, pero su problema radica en si Estados Unidos mantendrá su compromiso con el Artículo 5, que garantiza la defensa colectiva y actúa como su mayor elemento disuasivo. El problema central es Donald Trump y su visión del mundo, que no abarca la idea de forjar alianzas permanentes para defender las democracias en Europa y Asia contra regímenes autocráticos, todo mientras se respeta el derecho internacional. Trump ha criticado específicamente a miembros como Hungría, que importa más del doble de energía rusa que cualquier otro país europeo, y Turquía, que mantiene lazos más cercanos con Moscú, argumentando que estas compras “socavan” la posición de la OTAN. Convencer a países como Turquía de cortar sus suministros rusos representa un desafío mayor, dado su rol como tercer importador global. Además, Trump ha minimizado incidentes como el de los drones en Polonia y Rumanía, sugiriendo que podrían ser errores, lo que contrasta con la respuesta unificada de aliados como Dinamarca, Francia y Alemania, que han lanzado una iniciativa para fortalecer el flanco oriental moviendo recursos militares. La UE, aunque no es lo mismo que la OTAN, ha prometido eliminar las compras de energía rusa para 2028, pero EE.UU. presiona por un ritmo más rápido, ofreciendo suministros alternativos.

Europa debe hacer más y hablar menos

Trump ha tocado definitivamente un punto sensible, observa el Tages-Anzeiger (Suiza), porque Europa frecuentemente discute lo abrumadora y definitoria que es la amenaza rusa, y cómo la seguridad propia depende del resultado de la guerra en Ucrania[original content]. Sin embargo, a pesar de estas afirmaciones, Europa continúa comprando miles de millones de euros en petróleo ruso, gas natural y otros bienes cada año, lo que llena directamente las arcas de guerra del Kremlin y contradice la retórica de urgencia[original content]. En el mejor de los casos, las sanciones europeas contra China pueden describirse como mínimas o ridículas, a pesar de que el régimen de Pekín hace todo lo posible por apoyar a Rusia económicamente y ha declarado abiertamente en Bruselas que no tiene interés en poner fin al conflicto[original content]. Es esta discrepancia entre la supuesta gravedad de la amenaza y las medidas defensivas aún tibias lo que Trump denuncia en su carta, exigiendo un cese total de compras y aranceles colectivos contra China para reducir su “fuerte control” sobre Rusia. La UE está evaluando acelerar la salida de los combustibles fósiles rusos, incluyendo sanciones a la flota de barcos que evaden restricciones, como parte de su próximo paquete, y ya ha gastado 210 mil millones de euros en energía rusa desde 2022, lo que ha financiado la invasión. Países como Turquía y Hungría representan los mayores obstáculos, con Hungría importando volúmenes significativos a través de oleoductos, mientras que la dependencia general de la UE en gas ruso ha caído del 45% al 13%. Trump propone que estos aranceles se levanten una vez que termine la guerra, pero analistas ven esto como una táctica para dividir la alianza y retrasar acciones, similar a amenazas pasadas que no se concretaron.