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Musk se enfurece con el jefe de Transporte de Trump en X: ¡Está “intentando matar a la NASA”!

Elon Musk, el visionario empresario detrás de compañías innovadoras como SpaceX, Tesla y xAI, ha reavivado una vez más sus tensiones públicas con la administración del presidente Donald Trump. En esta ocasión, el foco de su ira está en Sean Duffy, quien ocupa el cargo de secretario de Transporte y actúa como administrador interino de la NASA. Musk no ha escatimado en palabras duras, acusando directamente a Duffy de sabotear el futuro de la agencia espacial estadounidense, que ha sido un pilar de la exploración científica y tecnológica desde 1958. Este enfrentamiento, que se ha desarrollado principalmente en la red social X (anteriormente conocida como Twitter), propiedad del propio Musk, surge en un momento crítico para el programa espacial de Estados Unidos, marcado por ambiciones lunares, rivalidades corporativas y presiones geopolíticas. La disputa no solo expone fricciones internas en el gobierno, sino que también pone en jaque la colaboración entre el sector público y las empresas privadas que impulsan la nueva era de la exploración espacial.

El contexto del conflicto y las raíces de la tensión

El origen inmediato de esta bronca pública se remonta a un artículo detallado publicado por el Wall Street Journal a principios de esta semana, que revelaba las intenciones de Duffy de promover una reestructuración radical: fusionar la NASA con el Departamento de Transporte. Esta propuesta, según el reporte del WSJ, busca centralizar funciones para reducir duplicidades burocráticas y optimizar presupuestos federales, pero críticos como Musk argumentan que diluiría el mandato único de la NASA en la investigación espacial pura, convirtiéndola en un apéndice de políticas de transporte más terrenales, como aviación comercial o infraestructura vial. La idea ha generado alarma en la comunidad científica y en la industria aeroespacial, donde la NASA se ve como un faro de innovación independiente, con un presupuesto anual de aproximadamente 25.400 millones de dólares para 2025, según datos oficiales de la Oficina de Gestión y Presupuesto de la Casa Blanca.

Musk, conocido por su estilo directo y provocador en redes sociales, no tardó en reaccionar. El martes, inundó X con una serie de publicaciones incendiarias dirigidas a Duffy. En una de ellas, lo rebautizó como “Sean Dummy”, un apodo despectivo que juega con su nombre y la palabra inglesa para “tonto”, insinuando una falta de competencia en temas complejos como la exploración espacial. El golpe más contundente llegó cuando Musk declaró: “Está tratando de matar a la NASA”, un mensaje que rápidamente acumuló millones de vistas y reacciones polarizadas. No contento con eso, Musk lanzó una encuesta interactiva a sus más de 200 millones de seguidores en X, preguntando: “¿Debería alguien cuya mayor fama sea escalar árboles dirigir el programa espacial de Estados Unidos?”. Esta referencia alude al pasado de Duffy como competidor en eventos de “logrolling” o escalada de troncos, una tradición folclórica en el medio rural de Wisconsin, donde Duffy, nacido en 1971 en Hayward, creció y participó en competencias locales antes de entrar en la política como reality TV star en MTV’s The Real World y luego como congresista republicano por 10 años.

Este no es el primer roce entre ambos. De hecho, las tensiones datan de marzo de 2025, cuando un extenso reportaje del New York Times detalló desacuerdos profundos entre Musk y Duffy sobre recortes presupuestarios en la Administración Federal de Aviación (FAA). En ese momento, Musk, en su rol como cojefe del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) —una iniciativa de Trump para reducir el gasto federal—, impulsó reformas que afectaban directamente las operaciones de SpaceX, como la aprobación de lanzamientos y la regulación de drones. Duffy, defendiendo los intereses del Departamento de Transporte, vio estas medidas como un socavamiento a la seguridad aérea. El NYT citó fuentes internas que describían las reuniones como “tensas y personales”, con Musk acusando a reguladores de “obstruccionismo deliberado” que retrasaba innovaciones clave.

Las acusaciones de Duffy contra SpaceX y la carrera por la Luna

El catalizador más reciente para esta escalada fue una entrevista de Duffy con CNBC el lunes por la mañana en el programa “Squawk Box”, conducido por Becky Quick y Andrew Ross Sorkin. Allí, Duffy expresó su frustración con SpaceX por no cumplir con los plazos establecidos en el contrato para la misión Artemis III, un hito del programa Artemis de la NASA que busca lograr el primer alunizaje tripulado por Estados Unidos desde la misión Apolo 17 en 1972. SpaceX es responsable de desarrollar el módulo de aterrizaje humano Starship, un vehículo reutilizable masivo que promete revolucionar los viajes espaciales con su capacidad para transportar hasta 100 personas y carga pesada. Sin embargo, Duffy afirmó que la compañía está “atrás de schedule”, citando demoras en pruebas de vuelo y certificaciones de seguridad.

“No vamos a esperar por una sola compañía”, enfatizó Duffy, subrayando una estrategia de diversificación. Propuso expandir contratos a rivales como Blue Origin, la empresa de Jeff Bezos fundada en 2000, que ha invertido más de 2.500 millones de dólares anuales en motores BE-4 y cohetes New Glenn. “Vamos a impulsar esto hacia adelante y ganar la segunda carrera espacial contra los chinos. Volver a la Luna, establecer un campamento, una base”, agregó, evocando la urgencia de la competencia global. China, a través de su Agencia Espacial Nacional (CNSA), ha avanzado rápidamente: su misión Chang’e-6 recolectó muestras del lado lejano de la Luna en 2024, y planea una base lunar internacional para 2030 en colaboración con Rusia y otros aliados, según informes de la NASA y la Unión Internacional de Telecomunicaciones.

Duffy siguió el tema en X, publicando el martes sobre su compromiso de “abrir” el proceso de producción a más jugadores para acelerar el retorno a la Luna. Un usuario escéptico respondió “Parece tonto imaginar que alguien nos lleve allí más rápido que SpaceX”. Musk intervino de inmediato: “No lo harán. SpaceX se mueve como un rayo comparado con el resto de la industria espacial”. Al día siguiente, Duffy replicó con un tono conciliador pero desafiante “Me encanta la pasión. La carrera a la Luna está en marcha. Las grandes compañías no deberían temer un desafío”. Esta interacción, vista por cientos de miles, ilustra la dinámica de una industria donde la innovación privada choca con la supervisión gubernamental.

La NASA, manteniendo una postura neutral, no ha emitido comentarios directos sobre las críticas de Musk. Su portavoz, Bethany Stevens, una veterana de comunicaciones con más de 15 años en la agencia, dirigió todas las consultas al post de Duffy en X. Fuentes internas de la NASA, hablando bajo anonimato con CNBC, confirmaron que SpaceX y Blue Origin tienen un plazo hasta el 29 de octubre de 2025 para presentar propuestas concretas de aceleración, incluyendo mejoras en prototipos y cadenas de suministro. Estas propuestas podrían incluir incentivos fiscales o exenciones regulatorias, pero dependerán de revisiones exhaustivas por parte de comités independientes de la NASA.

Antecedentes del programa Artemis y sus múltiples retrasos

Para apreciar la magnitud de este conflicto, es esencial profundizar en el programa Artemis, lanzado por la NASA en 2017 bajo la administración Trump inicial, con el objetivo de establecer una presencia sostenible en la Luna como trampolín para Marte. Artemis representa un cambio paradigmático: a diferencia de las misiones Apolo, que fueron puramente gubernamentales, este programa integra fuertemente al sector privado, con contratos por valor de más de 4.000 millones de dólares adjudicados a SpaceX en 2021 tras una licitación competitiva que Blue Origin impugnó legalmente sin éxito.

SpaceX’s Starship, con sus pruebas exitosas en Boca Chica, Texas —incluyendo un vuelo orbital completo en 2024—, es el corazón del módulo de aterrizaje. Sin embargo, el proyecto ha lidiado con contratiempos significativos. En enero de 2024, la NASA anunció retrasos en Artemis II (el primer vuelo tripulado alrededor de la Luna, sin alunizaje) de septiembre de 2025 a septiembre de 2026, citando problemas con el traje espacial de Axiom Space y el escudo térmico de la cápsula Orion de Lockheed Martin. Artemis III, el alunizaje propiamente dicho, se pospuso a 2027 debido a desafíos en la integración de Starship, que ha sufrido explosiones en pruebas pero también avances en recuperación de boosters.

Blue Origin no se queda atrás: además del contrato para el rover VIPER (Volatiles Investigating Polar Exploration Rover), seleccionado en 2024 para mapear hielo en el polo sur lunar —un recurso vital para combustible y agua—, la compañía de Bezos desarrolla el Blue Moon lander para misiones no tripuladas. Estos esfuerzos subrayan la diversificación que Duffy promueve, respaldada por un informe de la GAO (Government Accountability Office) de 2025 que critica la dependencia excesiva de un solo proveedor.

Musk defiende a SpaceX argumentando que los retrasos son culpa de burocracia federal, no de fallos técnicos. En posts recientes, ha destacado métricas impresionantes: SpaceX ha lanzado más de 100 misiones en 2025 con Falcon 9, y Starlink ahora cubre el 80% del planeta, financiando indirectamente Artemis. La industria espacial global, valorada en 500 mil millones de dólares según un reporte de McKinsey de 2025, depende de estas colaboraciones, pero tensiones como esta amenazan la estabilidad.

Reacciones en redes y conexiones con nombramientos controvertidos

La respuesta de Musk no se limitó a Duffy; revivió un capítulo anterior al compartir un post de Sawyer Merritt, un influyente analista de Tesla en X, defendiendo a Jared Isaacman. Isaacman, CEO de Shift4 Payments y piloto espacial, fue nominado por Trump en febrero de 2025 para liderar la NASA, pero su candidatura fue retirada en mayo tras presiones políticas. Musk y Isaacman son aliados cercanos: juntos financiaron Inspiration4 en 2021, la primera misión orbital civil con una tripulación de cuatro no profesionales, y Polaris Dawn en 2024, que incluyó la primera caminata espacial privada.

El post de Merritt calificó de “estúpido” el lobby contra Isaacman, describiéndolo como “la persona más calificada” por su experiencia en misiones de alto riesgo y filantropía espacial. Axios reportó en junio de 2025 que la retirada fue un movimiento de Trump para distanciarse de Musk, quien había chocado con asesores por su influencia en DOGE. Musk amplificó esto respondiendo a un usuario que pedía un cambio en la NASA: “La persona responsable del programa espacial de América no puede tener un IQ de dos dígitos”, un insulto que alude a la falta de background técnico de Duffy, quien es abogado y exfiscal en lugar de ingeniero aeroespacial.

Estas reacciones en X han generado un debate amplio, con hashtags como #SaveNASA y #DuffyOut trending en EE.UU., atrayendo opiniones de expertos como el exadministrador de NASA Jim Bridenstine, quien tuiteó apoyo a la diversificación pero advirtió contra “politicizar la ciencia”.

La relación entre Trump y Musk: de aliados a críticos selectivos

A pesar de estos fuegos artificiales, la relación entre el presidente Trump —reelecto en noviembre de 2024 e inaugurado en enero de 2025— y Musk ha mantenido un tono mayormente civil en los últimos meses. Un artículo de Axios en julio de 2025 destacó su colaboración en temas como la promoción de vehículos eléctricos a través de incentivos fiscales y el desarrollo de IA ética en xAI. Sin embargo, su ruptura pública en junio de 2025 fue explosiva: Musk criticó a Trump por no divulgar archivos relacionados con Jeffrey Epstein, y acusó a la administración de censurar debates en X sobre inmigración y economía.

Musk sirvió brevemente en DOGE hasta septiembre de 2025, cuando renunció citando “diferencias irreconciliables” con figuras como Howard Lutnick, nominado para Comercio. Axios detalló en un perfil cómo esta salida marcó el fin de una alianza que ayudó a Trump en la campaña, con Musk donando más de 100 millones de dólares. Hoy, mientras Trump prioriza “América Primero” en espacio —incluyendo alianzas con aliados como India para contrarrestar China—, Musk usa su plataforma para influir, recordando que las alianzas en Washington son volátiles y que el futuro espacial de EE.UU. pende de equilibrios frágiles entre innovación, política y competencia global.

Este enfrentamiento no solo entretiene en redes, sino que plantea preguntas serias sobre la gobernanza de la NASA en una era de privatización. Con la Luna como premio y potencias rivales acechando, resolver estas tensiones podría definir si Estados Unidos lidera la próxima frontera o se ve superado en la carrera cósmica.

Se ha recopilado información de Axios y Yahoo.